Caía la tarde, el con
su paseo diario cuando el sol desaparecía en el horizonte. En el día de hoy le
apetecía arrimarse a la playa, ya , a esas horas, la nada la rondaría. Quería
sentir el aliento de la soledad, el aliento de la brisa marina en su rostro.
Sus pisadas se reflejaban en la huella que dejaba después de que las olillas la
lamieran. Ese día, un otoño encendido en el fresco se sentía extraño, en su
imagen se dibujaba el encuentro de algo. Tenía ese tipo de presentimiento que
no obedecemos en el ritmo de los días de hallarse con alguien flotando en el
sereno océano. Una imagen fugaz y vertiginosa que se disipó mientras caminaba, mientras
le acusaba el olvido. Se detuvo, miró el horizonte y un enrojecimiento de su
tez lo hizo caer en el recuerdo, un cuerpo flotante en la inmensidad del mar.
Un cuerpo en columpiar de la marea. No
lo pensó, se quito la camisa y fue a por él. Casi inmóvil, casi muerto, lo trajo hasta la orilla. Le hizo la maniobra
del boca a boca hasta que este fue tomando conciencia. Lo cogió entre sus
brazos y lo apretó contra su pecho abrigándolo con su camisa ¿Qué haría con él?
Por sus rasgos no era u niño de ese lugar. Por su cabeza paso lo que tenía que
pasar ¿Y si avisaba a la policía? Se lo llevarían al hospital pero luego dejado
al aire en un centro de menores, una cárcel disimulada para los que vienen de
lejos , muy lejos…El se rompió , no sabía por qué lloraba…sería por ese niño
frágil, muy frágil. Por qué sabía lo que sería su mañana cuando su entereza lo
cubriera, se vería con otros chicos maliciosos tal vez. No…no sé cómo explicar.
Que lo conducirían a la caída. Desconfiado y meticuloso de que alguien lo viera
se lo llevó bajo su techo. Lo acostó en su cama y lo tapó para que ese cuerpo
cogiera calor. Sus sienes parecían estallar ¿ qué hacer? Esperaría a que el
chico se recuperara y después conversaría con él. Llamaría a sus amigos más
próximos y les contaría. Una cierta lastima desquiciaba su corazón, lágrimas
impotentes esparcidas por el pasillos y un grito mantenido ante el horror
humano. Solo es un niño, solo es un niño…se repetía mientras penaba. La noche
ya era prieta, el niño dormía y el cavilaba en su dolor. Una especie de cariño
lo acercaba a esa pobre criatura nacida en las tierras del mal, emergidas en
las mareas de los huesos. Indeciso pensó que lo mejor sería mejor que se
quedará con el todavía. Sí, todavía hasta que la realidad los encharcara con
barrotes de hiel. Se asomó en el balcón un cielo apagado de estrellas ante la
luminosidad de las calles lo paralelizaban. Y el dolor se hacía más profundo a
medida que las horas pasaban. Tendría que comunicarse con él ¿Hablaría su
idioma? Lo más seguro que no. Hizo otra llamada a un centro seguro dedicado a
la defensa de la emigración y el refugiado. Una idea se apilaba en su cabeza,
tal vez, saldría bien. Se recostó en el sofá de su salón en el callar de la
noche ¿qué sería de su familia?, se preguntaba. Ahogados en el hambriento mar.
Tac, Tac…su corazón parecía salir de su pecho. Respiró hondo, muy hondo y se
dejo dormir para que el mañana fuera lo qué fuera. Al menos el niño está vivo y
una paz lo cubrió en las horas de la oscuridad, y un callar lo cubrió en un
sosiego que lo miraba en sus sueños.
Este blog esta bajo los derecho de autor para cualquier información laguna198@hotmail.com Lo escrito son ideas primigenias que después se han corregir y alterar.
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martes, noviembre 06, 2018
jueves, julio 17, 2014
Lejos...
Lejos, muy lejos.
Precipicios congelados
En el aroma del beso.
Ojos opacos
Que anuncian la despedida.
Alfileres durmiendo bajo la luna llena
En el transcurrir de la oscuridad.
Aquí estamos.
Lejos, muy lejos.
El blanco de los arrecifes
Cuenta algo de la muerte precoz.
El negro de las mareas
El lamento del adiós.
Y aquí estamos.
Andando, corriendo
Detrás del viento, de las olas
Como fragmento de nuestros sueños.
lunes, enero 14, 2013
EL DESPERTAR(TEATRO)
EL DESPERTAR
(Teatro)
Introducción:
La
reconstrucción interior de un ser después de la tempestad del ayer.
Personajes:
Laura
María
Personaje 1
Personaje 2
Voz 1
Voz 2
Voz 3
Voz 4
Ya es
el alba y Laura tiene que levantarse. No espera a nadie, sólo, alguna llamada
telefónica. Se encuentra frente el espejo de su habitación. Tras su espalda, la
ventana da hacia un jardín.
Laura :
Otro
despertar. Mi cuerpo parece ser parte del sueño. Ahí me encontraba tan bien.
¡Sí¡ Ese girar y girar más allá de la frontera de la realidad ¡Esa libertad¡
¡Ese amor perfecto¡ Esas tierras donde todo sabe a felicidad; sin tanta
hipocresía; sin tanta frialdad; sin tanta envidia; sin tantos fanfarrones y un
colectivo de palabras seguidas de estas que todo el mundo sabe bien.
(Hace una pausa y de nuevo habla con ella misma)
¿Por qué será que cuando despierto me gusta sentir
el aire fresco del crepúsculo? Suspiro, respiro hondamente y todo se me vuelve
extraordinario ¡Qué exquisito es este pequeño instante¡ Un pequeño instante que
se hace inmortal como inmortales son los amores arrinconados en mi memoria ¡
Ay esos amores¡ Todos ahora poemas en la hoguera del
recuerdo. Algunos les retorcería el cuello. Sí, sin más. Los cogería y los dejaría en pelotas en medio de un parque
para que les escupieran. Creo que he cometido un error. No a mis amores reales,
sino a esos que te acosan y abusan ¡Qué asco ¡ Si he de contar las artimañas de
algunos para que llegues a su guarida se horrorizarían. Bueno, mejor será que
entierre estos sucesos en el infierno junto a sus nombres ¡Ay que me pongo
enferma¡ ¡Que mal me siento ¡ El odio me
cuece, pero olvido y olvido que si no, no se crece. Te quedas como un árbol
viejo que le han robado toda su savia y, ahora, arde, arde y arde en su muerte.
Este espejo ante mí. Siempre ha estado aquí y, una
y otra vez tengo que mirarme, es inevitable, ejerce una fuerza de atracción
tal que no hay mañana que me plante ante
él. Me disgusta lo que observo; un ser acabado, murmurando su última melodía, un
ser al que le han cortado sus alas y, ahora,
no sabe prender su vuelo. Soy yo. Si, soy yo. Una marioneta con hilos
roídos que han dejado caer en una fosa oscura con su danza ¡Cruel vida esta ¡
¡No puedo amar¡ Y si amara , si me
enamorara . Me sentiría como una delincuente, como una delirante. Sería no más
que una fugitiva rodando por un precipicio. UY, son las 10, ahora mismo llega
María y, yo, en este estado, con la toalla enrollando mi cuerpo sin secar mi
cuerpo. No, no voy a dejar que esta toalla aterciopelada y pacífica me quite la
humedad. Quiero estar mojada, sentir como el aire se casa con esta agua que se
desliza por mi cuerpo ¡Ya viene¡ Ya
viene María. Siento el rumor de su brisa penetrar por cada uno de los orificios
de esta casa.
(Tocan a la puerta de manera suave. Laura ni se
viste, con la toalla enrollada y mojada la abre. Ya sabe de quien se trata. Sus
ojos toman un tono de ilusión. María lo nota. Nota el bello paisaje de su
rostro desfallecido y la vez aliviado al verla a ella).
Laura:
(Se abraza a ella. Siente necesidad de desahogarse)
¡Qué desgraciada soy¡
¡Qué desgraciada soy , María¡
No soy capaz de despertar, la imaginación me acosa
derivándome hacía aguas turbulentas.
Mi corazón me prohíbe dar un salto al amor.
¡No me atreví¡
¡No me atreví¡
¡Por qué ¡
¡¿Por qué¿¡
Todo iba bien, sabes. Hasta que me asaltaron las
dudas. Como una ráfaga de viento infernal vino a mí. Fue mi pasado. Sí, mi
pasado. Un pasado que a hurtadillas y voraz vino de visita sin escrúpulos.
¡Sucio¡ ¡Frío¡ Internándose en mi insonoridad, sin permitirme pasar la página
de mis pasos y volar.
María:
Pero
Laura ¿Por qué? Yo se quien ha tenido la
culpa. Tu familia, los falsos amigos. Ellos con tal de que seas otra copia de
la sociedad te han ido deteriorando poco a poco. No te dejaron volar y, ello, es muy cierto. Sólo gritos, gritos contra tu persona, una degradación que
te ha ido consumiendo día a día. Mira la suciedad de tu teléfono, nadie se
acuerda de ti. Así, has ido perdiendo tu belleza. Todo sueño, toda ilusión
terminó desangrándose. Si aprendieras a
callar. Y, ahora mira ¡Mira como estás¡
¡Mira tú vida ¡ ¡Mira esas rejas que trepan por tus pupilas¡ ¿Por cual brumas
te mueves? La del agotamiento o la
desesperanza. Por todo sientes temor, haciéndote mover por un pasadizo
desértico. Temor al rechazo; temor a que se burlen; temor a que te miren como
un ser delirante; temor a que lo que exista ante tus ojos sea escombros; temor
a un grito y a ese ridiculizar que muchos tienen. Y lo peor de todo, temor a hablar de tu
belleza.
Coro de voces:
Su
belleza ¡Su belleza¡ ¿Dónde está? Se
halla desvaída y paralizada en el infinito de las derrotas. Su belleza ¡Su belleza¡
Canto alegre natural. Sufre el desencanto de brotar y brotar bajo lenguas cíclicas de tormentas. Poco a poco es
mujer de sal. Poco a poco es ocaso en la flor de la vida. Rosas amargas desvelan sus sueños. El eco de
su grito la atrapa en una nube gris.
María:
¡No
escuchas¡
Laura:
Sí,
si escucho.
María:
¡La
lluvia¡
Laura:
Sí, la
lluvia.
María:
Las
horas pasan. Los días son como ráfagas de un aliento insulso para ti. Hay que
saborear todo. Estas estática, impedida por el ayer y ese hoy que no te abre
las puertas: barreras serpenteantes que te hostigan, mortificándote en que será
de tu mañana ¡No¡ No es así. Hay que erupcionar y pisar fuerte, firme, veraz.
Tomar de las maravillas que van surgiendo del día a día. Una sonrisa, un saludo, unas palabras y con
el tiempo o, tal vez, cuando no lo esperes, el abrazo verdadero. Todo lo que te
ha hecho daño deberías borrarlo, aplastarlo, dejarlo en el último lugar de tu
memoria. ¡ Muchas horas de soledad
posees Laura ¡ Horas que sólo engendran un sudor de recuerdos asesinos. Es
una lástima, por que no te han dejado
avanzar.
Laura:
Sí.
Días de soledad. Un paisaje de tundras donde un huracán de sentimientos me hace
permanecer en la cama. Imaginando, Imaginando ¡Imaginando la calidez¡ Su calidez.
María:
¿De quien
Laura ¿
Laura:
¡No¡ No
puedo nombrar su nombre . ¡No¡ No puedo
hacer nada para decir algo , aunque sea muy poquito, de su esencia. Esencia que
me alborota, esencia que me ruboriza y
hace navegar en el ensueño. El afecto y el calor humano se ahoga en mí ¡Mi
fallo ¡ ¡Mi fallo ¡
María:
Si Laura. No
vivir al día, no vivir cada momento que aparece en escena. Siempre sumisa en
una espera, en una larga espera y, mientras , la vida pasa. Pasa sin esperar a
nadie.
Laura:
¿No
oyes?
Maria:
Sí.
Escucho
Laura:
La
lluvia otra vez.
Maria:
Si, la
lluvia
Laura:
Me
atrae.
Maria:
A mi
también.
Laura:
Permanecer
bajo su flujo de humedad y danzar con nuestros cuerpos desnudos mientras absorbemos de su don especial.
Maria:
Nos
mojaremos.
Laura:
Y que
más da. Solo deseo correr como ella. Que ella me ayude a expulsar todo lo que
me aterra, todos esos pinchos que revuelven mi vientre.
Maria:
¿Si
Laura?
Laura:
Que pena que
no seas como yo. Recorrería con mis labios tu cuello. Serías mi amante
perfecta.
Maria:
No me
atormentes Laura. Vamos antes de que la lluvia se la lleve el sol.
(María y Laura salen. Se encuentran en medio de la
calle. La lluvia no cesa. Sienten que en
su fondo existe un murmullo, algo las llama y las atrae)
Coro de voces:
La lluvia os
hace girar y girar sobre vuestro interior. Os hace involucrar una con la otra.
La vida es ola de estragos para una y vuelo de palomas azules para la otra.
Venid con nosotros . Venid por este puente de rosas negras donde la tierra
emerge en un desequilibrio.
( Laura y María
sigue la lluvia. Un arco iris con rosas negras en su suelo hace de
puente. Ellas caminan por el. De repente,
casi instantáneamente, van transcurriendo personajes acompañadas de un
relato)
Personaje 1:
¿Sientes
placer cuando te acaricias María? Y,
¿cuándo haces el amor ¿ Yo no Para mi el sexo como medio del éxtasis y el
placer es inexistente. Me robaron una parte de mi, cultura de hombres de mi
tierra. No sabes el dolor y el
sufrimiento que me hizo. No sabré nunca de esas sensaciones que a veces quieren
sentir las mujeres ¡Laura ¡¡Laura¡ Sigue imaginando tus yemas tanteando tu
sexo, mientras su ser vuela en tu mente, mientras la soledad discurre entre tus
manos.
(La imagen se difumina, ellas siguen caminando por
ese pasillo)
Laura:
Las injusticias en el mundo son imparables. A
veces, somos tan primitivos. Y, es que
no respete las culturas, pero, hay cosas que deberían de cambiar. Quitar a las
garras hirvientes del hombre ese poder sobre nosotras.
María:
Si Laura. Me
produce un dolor que es difícil de sofocar. Mujeres lastimadas y condenadas
para toda su existencia ¿Por qué me pregunto? Tal vez, lo descomunal de su
fuerza se aprovecha de la debilidad.
(Otra imagen se implanta en el camino. Ellas se
detienen y escuchan. Un viento sopla y
los pétalos de las rosas roza la tez de ambas)
Personaje 2:
Mirar el
ritmo de mis pasos. Parece que perecen, pero, no, tengo que continuar. Yo
volaba ¡Sí , volaba ¡ Golondrina que admira la belleza por donde
pasa. Pero mientras dormía unas manos
tenebrosas y telúricas me despertaba. Yo, me hallaba media inconsciente, desprotegida,
con el miedo recorriendo cada parte de mi ante aquel que piensa que la mujer es
sólo puro objeto de sexo. La baba se les cae, su fuerza y su amenaza nos
condena. Así acabe, huyendo de cualquier lugar de su paso de tempestades, de
torturas en mi reconditez, de su risa avariciosa y pegajosa del sexo. Me quede
sola. Sin más sola con mis alas bajo un
desierto. ¡Amistades perdidas¡ ¡El olvido de mi ser¡ Sí, el olvido
Sí, el destierro. ¡Mirarme¡ ¡Sola¡ ¡Sola con mi lucha ¡ Mirarme, aquí estoy enjaulada dando aviso a
cualquier gaviota confiada de que todas las playas no son respetuosa con tu
vuelo, algunas , la hacen caer en una fosa de llanto y de tormentos.
Tú al menos
tienes a María. Ella no te levanta la voz. Ella no te dice que tus palabras son
la aurora de una locura (la voz se va apagando). De una locura, de una locura…
(María y
Laura se miran. No dicen palabra. Siguen por ese pasillo. De repente una
masa de golondrinas plateadas pasan a ras de ellas y después de su paso una puerta al final del pasillo se
halla entreabierta. Empujan y entran. La oscuridad las envuelve en un ambiente
cálido. Se escucha como un murmullo. Un murmullo que no logran entender.)
Voz 1:
Las piras
del abismo son ecos en un mar de llantos.
Voz 2:
¡Un
llanto¡
Voz 3:
Mujeres de
harapos.
Voz 4:
Mujeres de
la oscuridad.
Voz,1,2,3,4:
¡La
oscuridad ¡ La oscuridad, la oscuridad…
Voz 1:
Las
estrellas fugaces son esperanzas que se derriten y se eclipsan.
Voz,1,2,3,4:
¡Se
eclipsan¡
(La luz poco a poco se va concibiendo. Se ilumina
cada uno de los rostros de las voces ahí
presente. El aspecto de cada una de ellas es de mujeres envejecidas, mujeres
que la cara o cruz de la vida las ha marcado.)
Voz 1:
¿Sabéis
por qué habéis llegado aquí?
Voz 2:
(en un susurro)
¡Seguro
que no¡
Voz 3:
Seguro.
Voz 4 :
No.
Laura :
¡La
lluvia ¡
María:
Sí, la
lluvia
Voz1:
La
lluvia es la señal. El magnetismo que os hace gravitar bajo nuestro eco. Os
manifestáis como espuma de playas donde la tonada de las caracolas son nidos de
cuervos.
Voz2:
¡Dejadlo
ya ¡
Voz3:(Un solo
de piano suena)
¡Desvestirse de la melancolía ¡
¡Desvestirse de las borrascas ¡
¡Desvestirse
de las pesadillas ¡
¡
Desvestirse de unas lenguas que son cloacas ensangrentadas¡.
Laura:
¡Sí¡
Voz4:
¡Si¡
Maria :
La paz
Voz1,2,3,4:
¡La paz¡
María :
El
respeto
Voz1,2,3,4:
¡El
respeto¡
María:
La
sensibilidad
Voz1,2,3,4:
¡La
sensibilidad¡
Voz2:
Somos cauce
de una brisa púrpura que ama a la
muerte.
Voz3:
La muerte de un clima enrarecido a tu ser.
Voz 1:
Venid con
nosotras.
Voz 4:
El daño
se evapora y seréis raíz que mana por tierras de aguas cobrizas donde el amor es colibrí azul que os escucha
¡Amar y ser amada ¡
María:
Estrella de
mar que se consagra en el mundo de eternas oportunidades ¡Qué ama y es amada¡
¡Amar y ser amada¡
Voz1,2,3,4:
¡Amar y
ser amada ¡
Fin
martes, enero 18, 2011
¿Y ahora que? (poema)
¿Y ahora que?
Acongojada te apartas de la luz del alba
Y trepas a través de una sonata incolora
Donde los últimos astros dicen del adiós.
¿Y ahora que?
Abrazada a la vida eres inmersión
En las profundidades de tus cicatrices
Que disecan tu corazón, pero sigues.
Sigues en el girar de cada esquina
Saboreando de los herrerillos y mosquiteros
Que de rama en rama saltan con brío especial,
Sí, son especiales como especial es para ti
Saborear de su libertad.
¿Y ahora que¿
Dices de una alegría ida,
Desvanecida y robada con el paso el tiempo.
Quizás alguna bestia negra con las hoz en sus palabras
Te ha herido. Sí, herido hasta no más que sangrar y sangrar
Jardines de flores muertas, heladas por el llanto de granizo de tu mirada.
¿Y ahora que?
Sola paseas por las habitaciones de una casa
Donde su olor no se esfuma,
Te acosa incesantemente y te abrazas a una almohada blanca
Para agarrarte a la vida, a la vida…
¿Y ahora que?
Es hora, te digo, de ser maleta de otro destino.
Largarte y ser cenizas de toda esa lumbre nefasta bajo tu techo.
Ahí está esa barca ruta de tu nacimiento
A ras de una luna creciente que te atará de nuevo a la vida, a la vida…
martes, diciembre 08, 2009
El invierno rojo...(relato)
EL INVIERNO ROJO
No cesaba de llover, esas gotas corrosivas que certificaban la infertilidad de los árboles y la oscuridad de los peces. Peces que posaban en las orillas de los ríos con su esqueleto gravitando como vagabundos desheredados al impulso de la vida. Las tierras también se semejaban a ellos, tierras que se hallaban más allá de las corrientes marinas, desoladas por el defraude a la atmósfera que los envolvía.
No se observaba ningún árbol por aquel entorno, sólo , a millas y millas de distancias algunos deshojados, con el alarido intenso de lo yerma que era su savia, con el sufrimiento a galope por no sentir ningún ave posar en sus frágiles ramas. Solamente de vez en cuando una bandada de estorninos, de plumajes desvanecidos, era bodas de esa bóveda: turbia, pesada, agobiante , sin el esplendor de una luna reluciente y satinada de su enigma, sino el agolpar tirano de una oscuridad inmensa en su reflejo, en su espejo para aquellos que deseaban danzar su alma bajo su son, como el océano : enrarecido , distante de cualquier movimiento de seres vivos , inanimado, sólo mostrando lo bravo de su carácter cuando la marea cambia su curso y es furia de radiantes espumas blancas contra las rocas . ¡Las rocas¡ prisioneras de ese mundo hostil, asqueadas de ser servidumbre a la soledad que para el resto de sus vidas estaban condenadas .
Sólo un ser, un humano gravitaba por esas afiladas deformidades. Un único habitante en esa tierra de la nada y lo desahuciado de sus mares en el destino fiel a los presagios que se señalaban en el pasado. ¡Nadie escucho¡ Todos éramos inmutables a ese designio infernal que abrasaría a este planeta azul. Este, que con su variopinto mestizaje de diversidad llegó sin duda al cáncer y a una anacromática secuela en su faz y atmósfera.
Aquel ser que ambulaba por esos retorcidos y melancólicos paisajes era también tatuaje del sufrimiento. Sobre su espalda llevaba años y años de soledad. Contemplando en su memoria el signo de horror de sus amigos, bañándose de latigazos de vergüenza por ser cara a cara a ese mundo demolido. Su cuerpo se hallaba tembloroso al sentirse inválido para deshacerse de esa tortura que sus pies cansados tenían que pisar. Sin ese estado de éxtasis magnífico como si hiciera el amor al tumbarse sobre la hierba. ¿Dónde estaba el verdor ¿ Todo había desaparecido, fenecido bajo ese garfio maloliente y veneno del hombre. Ya no más cementerios de elefantes. Ya no más cementerios de ballenas. Todo era ahora una fosa común.
- Que extraño- sollozaba terriblemente- No siento el cuchicheo agudo pero glorificante de las gaviotas. Todo es penumbra. Todo es una esfera inerte donde la supervivencia ha culminado en moribundas y rancias huellas. Me hallo solo. Solo y esta yerma tierra. Cansado por no avistar ni el vuelo, ni el sonido de algún ser paralelo a esta vida mía.
El anciano continuaba con su errar nauseabundo. Con sus vestimentas aún más desgarradas. Con la desesperación penetrando por sus doloridos huesos cuanto más la realidad chocaba en sus pupilas.
- ¡Universo¡¡Universo¡ Cosmos que envuelve este minúsculo planeta. Si me escuchas, dame fuerzas para continuar. Dame ese aliento cómplice de la vitalidad para tener esperanza en un nuevo mundo, un nuevo florecer. Un nuevo mundo donde esta atmósfera asfixiante no me oprima. Donde esta tierra, donde mi rastro borrado, el viento vuelva a tomar esa belleza del ayer. ¿¡ Por qué¡? Por qué siento el alarido insoportable de las ramas. ¿¡Por qué¡? Por qué siento un átono suspiro de las aves. ¿¡Por qué¡? Por qué siento el desangrar imparable de los montes. ¿¡Por qué¡? Por qué siento la derrota del ser humano. ¡Qué inconscientes hemos sido ¡ Crecer en unos niveles desproporcionado y desmesurados de espaldas a nuestra madre naturaleza . Mira ahora este mundo, envuelto en miseria se halla. Como un vagabundo de memoria eclipsada por las brasas creadas en el pasado.
El anciano gravitaba en una distorsión de su razón. Gritaba, se remordía, se atribuía a él mismo toda la culpa como único superviviente del quejumbroso planeta. No dejaba de oscultarse, quería sentir sus piernas, sus muslos, su pecho, sus manos en ya su desorientado vagar. Le acosaba un insomnio aterrador, cada día que pasaba las pesadillas y el delirio era vigía que lo acongojaba más y más. Con reductos de floresta viva donde no la había, esos espejismos que por inercia se apodera en la sed y la soledad. Experimentaba un polvo marmóreo en sus piernas en cada paso estremecedor. La sentía, sentía su llanto agónico y su súbito cansancio. Pero en el se ramificaba una esperanza, una esperanza que se articulaba en sus pensamientos “Ojala renaciera un nuevo arco iris donde sus tonos pálidos fueran todo ese matiz colorido de la vida y la esperanza “¡La vida ¡ Sí, la vida , deseaba con todo su esfuerzo como logro de su descanso que brotará otra vez, que erupcionara en multicolor como tersa belleza desborrando ese luto .
Su suplica era un deseo ferviente que iba de sol a sol, un sol ceniciento y furioso. No quería esa vida desterrada de una mano semejante con el extermino de los seres que fluían en sus arroyuelos. Quería el aliento de la diversidad ya vagando por los campos de los moribundos, el sabor de las cristalinas aguas ahora insalubres, el vigor danzando sobre la faz de la tierra ahora con un agudo cimbrar por ser camposanto, el sabor de las hojas naciendo de una rama con ese verde esplendoroso, el sabor de las mariposas aboliendo ese inanimado paisaje de la tierra. ¡El quería ¡ Y esa fuerza culminante era objetivo que se aunaba a un rompeolas que estalla en un rayo de luz de esperanza. Aunque su cuerpo y espíritu cadavérico no fuera más que ya manjar de buitres. Sí, buitres, volando en círculos como si fuera un carrusel a ras de sus heridas abiertas.
Entonces, cayó al suelo de rodillas, con su gesto cabizbajo, con sus sentimientos en la vereda del llanto. Sólo, era zozobra de un cuerpo en los mismísimos huesos. Ya sin rogativas, ya sin el impulso ascendiente de sus anhelos. Callado, insonoro, sólo la sórdida bocanada de una brisa atrayéndolo a la muerte. Vencido ya. Con su último hálito. De repente, un especie de agujero comenzó a inundar esa bóveda azufrada, a la vez, a su lado, una pardela se poso. Lo rodeo hasta detenerse delante de él como signo de que le esperaba un largo viaje, como signo que le esperaba un cambio, como signo de que las enfermedades que espantaban a esa tierra iban a ser extinguidas con el coraje y los deseos que él había cimentado en sus pensamientos. De ahí, un relumbrar amarillento cubrió el cielo, acompañado de una especie de explotación y un seísmo proveniente de las entrañas de esa esfera hizo presencia de unos instantes. Pero, de nuevo, la oscuridad se hizo y de ese agujero negruzco que se dibujaba comenzó a emanar pétalos de rosa. Pétalos que iban impregnando todo aquella esfera terráquea enrarecida y sepultada. A medida que se posaban sobre la superficie esta se iba agrietando y de ahí se fecundaron ríos con gran corpulencia donde retozaban peces ; árboles de un majestuoso tamaño ; flores silvestres de un bruñido colorido ; aves que iban tomando la gama de esa cúpula que envolvía al globo terrestre ; toda una proclamación sorprendente de luz y color inaudita.
Esa convulsión extraordinaria como especie de una nueva creación era hechizo que lo ensimismaba ¡Vigilante del nacimiento de una nueva vida. ¡ Se sentía grande , gigantesco ,con un impulso acérrimo de llorar de alegría. Quería acoplarse a la naturaleza. ¡Por qué no ¡ Sentir ese brebaje vital de la tierra corretear por sus arterias, sentir la transparencias de las arboledas que iban atrapando todo ese ahorcado paisaje. Y, así fue, así fue como formo parte del aire, parte de la tierra, parte del océano en una mutación de ser pájaro. ¡Por qué no¡ Como hombre se sentía sólo en ese ajado ayer . Un ayer que ahora caía al vacío, se ahuyentaba con el flujo prolijo de la naturaleza, y él, enlazado a ella. Dejar pasar el viento a través de su multicolorido plumaje y ser caída libre ante las escarpadas montañas para después transformarse en su llegada al océano en estrella que surca por los arrecifes ulteriores de haber perdido ese blanco mortal.
No cesaba de llover, esas gotas corrosivas que certificaban la infertilidad de los árboles y la oscuridad de los peces. Peces que posaban en las orillas de los ríos con su esqueleto gravitando como vagabundos desheredados al impulso de la vida. Las tierras también se semejaban a ellos, tierras que se hallaban más allá de las corrientes marinas, desoladas por el defraude a la atmósfera que los envolvía.
No se observaba ningún árbol por aquel entorno, sólo , a millas y millas de distancias algunos deshojados, con el alarido intenso de lo yerma que era su savia, con el sufrimiento a galope por no sentir ningún ave posar en sus frágiles ramas. Solamente de vez en cuando una bandada de estorninos, de plumajes desvanecidos, era bodas de esa bóveda: turbia, pesada, agobiante , sin el esplendor de una luna reluciente y satinada de su enigma, sino el agolpar tirano de una oscuridad inmensa en su reflejo, en su espejo para aquellos que deseaban danzar su alma bajo su son, como el océano : enrarecido , distante de cualquier movimiento de seres vivos , inanimado, sólo mostrando lo bravo de su carácter cuando la marea cambia su curso y es furia de radiantes espumas blancas contra las rocas . ¡Las rocas¡ prisioneras de ese mundo hostil, asqueadas de ser servidumbre a la soledad que para el resto de sus vidas estaban condenadas .
Sólo un ser, un humano gravitaba por esas afiladas deformidades. Un único habitante en esa tierra de la nada y lo desahuciado de sus mares en el destino fiel a los presagios que se señalaban en el pasado. ¡Nadie escucho¡ Todos éramos inmutables a ese designio infernal que abrasaría a este planeta azul. Este, que con su variopinto mestizaje de diversidad llegó sin duda al cáncer y a una anacromática secuela en su faz y atmósfera.
Aquel ser que ambulaba por esos retorcidos y melancólicos paisajes era también tatuaje del sufrimiento. Sobre su espalda llevaba años y años de soledad. Contemplando en su memoria el signo de horror de sus amigos, bañándose de latigazos de vergüenza por ser cara a cara a ese mundo demolido. Su cuerpo se hallaba tembloroso al sentirse inválido para deshacerse de esa tortura que sus pies cansados tenían que pisar. Sin ese estado de éxtasis magnífico como si hiciera el amor al tumbarse sobre la hierba. ¿Dónde estaba el verdor ¿ Todo había desaparecido, fenecido bajo ese garfio maloliente y veneno del hombre. Ya no más cementerios de elefantes. Ya no más cementerios de ballenas. Todo era ahora una fosa común.
- Que extraño- sollozaba terriblemente- No siento el cuchicheo agudo pero glorificante de las gaviotas. Todo es penumbra. Todo es una esfera inerte donde la supervivencia ha culminado en moribundas y rancias huellas. Me hallo solo. Solo y esta yerma tierra. Cansado por no avistar ni el vuelo, ni el sonido de algún ser paralelo a esta vida mía.
El anciano continuaba con su errar nauseabundo. Con sus vestimentas aún más desgarradas. Con la desesperación penetrando por sus doloridos huesos cuanto más la realidad chocaba en sus pupilas.
- ¡Universo¡¡Universo¡ Cosmos que envuelve este minúsculo planeta. Si me escuchas, dame fuerzas para continuar. Dame ese aliento cómplice de la vitalidad para tener esperanza en un nuevo mundo, un nuevo florecer. Un nuevo mundo donde esta atmósfera asfixiante no me oprima. Donde esta tierra, donde mi rastro borrado, el viento vuelva a tomar esa belleza del ayer. ¿¡ Por qué¡? Por qué siento el alarido insoportable de las ramas. ¿¡Por qué¡? Por qué siento un átono suspiro de las aves. ¿¡Por qué¡? Por qué siento el desangrar imparable de los montes. ¿¡Por qué¡? Por qué siento la derrota del ser humano. ¡Qué inconscientes hemos sido ¡ Crecer en unos niveles desproporcionado y desmesurados de espaldas a nuestra madre naturaleza . Mira ahora este mundo, envuelto en miseria se halla. Como un vagabundo de memoria eclipsada por las brasas creadas en el pasado.
El anciano gravitaba en una distorsión de su razón. Gritaba, se remordía, se atribuía a él mismo toda la culpa como único superviviente del quejumbroso planeta. No dejaba de oscultarse, quería sentir sus piernas, sus muslos, su pecho, sus manos en ya su desorientado vagar. Le acosaba un insomnio aterrador, cada día que pasaba las pesadillas y el delirio era vigía que lo acongojaba más y más. Con reductos de floresta viva donde no la había, esos espejismos que por inercia se apodera en la sed y la soledad. Experimentaba un polvo marmóreo en sus piernas en cada paso estremecedor. La sentía, sentía su llanto agónico y su súbito cansancio. Pero en el se ramificaba una esperanza, una esperanza que se articulaba en sus pensamientos “Ojala renaciera un nuevo arco iris donde sus tonos pálidos fueran todo ese matiz colorido de la vida y la esperanza “¡La vida ¡ Sí, la vida , deseaba con todo su esfuerzo como logro de su descanso que brotará otra vez, que erupcionara en multicolor como tersa belleza desborrando ese luto .
Su suplica era un deseo ferviente que iba de sol a sol, un sol ceniciento y furioso. No quería esa vida desterrada de una mano semejante con el extermino de los seres que fluían en sus arroyuelos. Quería el aliento de la diversidad ya vagando por los campos de los moribundos, el sabor de las cristalinas aguas ahora insalubres, el vigor danzando sobre la faz de la tierra ahora con un agudo cimbrar por ser camposanto, el sabor de las hojas naciendo de una rama con ese verde esplendoroso, el sabor de las mariposas aboliendo ese inanimado paisaje de la tierra. ¡El quería ¡ Y esa fuerza culminante era objetivo que se aunaba a un rompeolas que estalla en un rayo de luz de esperanza. Aunque su cuerpo y espíritu cadavérico no fuera más que ya manjar de buitres. Sí, buitres, volando en círculos como si fuera un carrusel a ras de sus heridas abiertas.
Entonces, cayó al suelo de rodillas, con su gesto cabizbajo, con sus sentimientos en la vereda del llanto. Sólo, era zozobra de un cuerpo en los mismísimos huesos. Ya sin rogativas, ya sin el impulso ascendiente de sus anhelos. Callado, insonoro, sólo la sórdida bocanada de una brisa atrayéndolo a la muerte. Vencido ya. Con su último hálito. De repente, un especie de agujero comenzó a inundar esa bóveda azufrada, a la vez, a su lado, una pardela se poso. Lo rodeo hasta detenerse delante de él como signo de que le esperaba un largo viaje, como signo que le esperaba un cambio, como signo de que las enfermedades que espantaban a esa tierra iban a ser extinguidas con el coraje y los deseos que él había cimentado en sus pensamientos. De ahí, un relumbrar amarillento cubrió el cielo, acompañado de una especie de explotación y un seísmo proveniente de las entrañas de esa esfera hizo presencia de unos instantes. Pero, de nuevo, la oscuridad se hizo y de ese agujero negruzco que se dibujaba comenzó a emanar pétalos de rosa. Pétalos que iban impregnando todo aquella esfera terráquea enrarecida y sepultada. A medida que se posaban sobre la superficie esta se iba agrietando y de ahí se fecundaron ríos con gran corpulencia donde retozaban peces ; árboles de un majestuoso tamaño ; flores silvestres de un bruñido colorido ; aves que iban tomando la gama de esa cúpula que envolvía al globo terrestre ; toda una proclamación sorprendente de luz y color inaudita.
Esa convulsión extraordinaria como especie de una nueva creación era hechizo que lo ensimismaba ¡Vigilante del nacimiento de una nueva vida. ¡ Se sentía grande , gigantesco ,con un impulso acérrimo de llorar de alegría. Quería acoplarse a la naturaleza. ¡Por qué no ¡ Sentir ese brebaje vital de la tierra corretear por sus arterias, sentir la transparencias de las arboledas que iban atrapando todo ese ahorcado paisaje. Y, así fue, así fue como formo parte del aire, parte de la tierra, parte del océano en una mutación de ser pájaro. ¡Por qué no¡ Como hombre se sentía sólo en ese ajado ayer . Un ayer que ahora caía al vacío, se ahuyentaba con el flujo prolijo de la naturaleza, y él, enlazado a ella. Dejar pasar el viento a través de su multicolorido plumaje y ser caída libre ante las escarpadas montañas para después transformarse en su llegada al océano en estrella que surca por los arrecifes ulteriores de haber perdido ese blanco mortal.
sábado, junio 13, 2009
LÁGRIMAS NEGRAS
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