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martes, diciembre 04, 2012

Despiertas...


Despiertas, el apogeo de una luna evadida
Es bóveda azul donde el rito de las singladuras
Advierten de paraísos perdidos.
Miras, una isla donde palmeras en la orilla
Son canto del silencio de sus casas,
De sus barquillas cuya vieja red
Se expande cuando la llamada de la madrugada
Es eco de peces plateados, de caracolas
Que anuncian la calma.
Callas, renuncias a ser conforme animal
Que se balancea en lo cotidiano de las jornadas
Y despacito llamas a las olas.
Ellas con su rumor abrigan tus pasos del mañana,
Tu encuentro exquisito con salvajes playas
Donde tu dormir será eterna estrella
Del ritmo de las mareas.  

martes, octubre 12, 2010

La madrugada (poema)


La madrugada.
El silencio.
Los pensamientos.
Saboreamos de la última gota de luna
En el rondar y rondar del quejido del viento.
Ascendemos a un árbol
Y transparentes somos hojas secas.
Adiós amor, digo.
No hay más
Amantes de mis sueños.
La madrugada.
El silencio.
Los pensamientos.
Emergemos en la purificación de nuestra alma,
Aislándonos el fogón de la paz.
Magarzas de estrellas
Es resplandor de una corriente de lágrimas.
La madrugada.
El silencio.
Los pensamientos.

domingo, junio 13, 2010

Volveré..




Yy: Volveré, cuando sepas que el fuerte abismo que te ata es corriente de la necesidad de cubrirte de amor. ¡Si¡ perfumarte de caricias para que puedas tu corazón y con componer esa melodía de misterio y crecimiento positivo.


Xx: Tú no me entiendes. Ando con el vendaval de la nostalgia, una nostalgia que hiere y me rompe hacia cavernas donde el calvario hace enrarecer mi aliento.

Yy: ¡La nostalgia¡ ¡El ayer¡ Te consume poco a poco como huracán brutal que raja tu espíritu. ¡Danza¡ ¡Danza¡ Que tu vida es solo el ahora. Un ahora que nos hará revolotear por veleros nobles donde los sueños no tienen cabida para esa guillotina que desmorona toda ilusión, toda esperanza.

Xx: ¡Tanto me quieres¡


Yy: Sí. Y por ello volveré. Volveré amada mía con la esencia visible de un arco iris de lirios que cubra tus ojos, tus sentidos. Besaré tu corazón y tú dejarás de girar y girar entre penumbras. Date cuenta, los nubarrones te hacen sentir en falso los pasadizos de esta vida, de tu vida.

Xx: ¡Tanto me quieres¡

Yy: Sí. Solo me importas tú. Yo te quiero y tú también me quieres. Fíjate en esta caída de la tarde, los primeros luceros de la noche sin luna ya nacen. Fíjate en ellos. Tú eres luz perdida en el universo que se vuelve a vivir todas las auroras. ¡Sí¡ Aquí estoy yo. Intocable es nuestro amor, todavía eres árbol que le quedan hojas verdes donde la luna florecerá como pilares de tu fortaleza.

sábado, junio 05, 2010

No digas...(poema)




Cómplice de las estrellas
Cuando el aislamiento lame el alma
Con la escarcha de un rostro
Que se desdibuja en el crepúsculo.
Ella camina río abajo con el irradiar
De una melancolía mecida por dormidos sueños,
Aves se van hilvanando con una caricia sutil
A ras de una guitarra que chirría raíces
Que se van liando a soles muertos.
Dime, se dice,
Porqué soy sombra perfumada
De un sombrío y húmedo precipicio
Que se encamina a la nada, a la nada.
Dime, porqué las ramas se nutren de mi sangre
Como cuerdas de un difuminado amor.
No digas eso amor, dice el viento,
No menciones esa navaja que raja los senderos
Donde el amor ataviado de flores se disfraza de cenizas.
Anda, no pares visible será canción de tu corazón
Con la armonía de alas descansadas
Para retomar su viaje por los luceros del alba
Anda, mira como tus singladuras serán bienvenidas
En el baile alrededor de tus labios de cometas rojas
Con el frondoso beso de ella, de ella…

martes, enero 05, 2010

Vuélvete...(poesía)


Vuélvete, sí, hacia mi.
Seamos esa frontera invisible
Donde nuestras manos pasan y pasan
En la caricia sublime.
Seamos árbol que en su canción de amor
Permite cambiar el destino de la extinción
De nuestros labios en una llamada
A la atmósfera que luego nos acogerá.
No reservemos más el abrazo
Para ese horizonte que no nos respira
Y aunque no pare de llover cenizas
Por nuestra pasión que el coraje
Nos emborrache en una fuga
Por cumbres nevadas de magarzas.
Vuélvete, sí, hacia mi.
El desierto impera con su profundo pesar,
Con su lamento mirándonos fijamente,
Con su constante ventolera de mares marchitos
Al son de los aromas de los caídos en la distancia,
Inyectándonos no se que sombra de borrascas
Que nos inducirá a la muerte del deseo,
A la languidez de la esperanza,
A la ruptura de la libertad en su alianza con los sueños.

jueves, diciembre 24, 2009

Hace tiempo...(poesía)


Humedecerme bajo tu santuario,
Hace tiempo que no te siento
Océano de mis nostalgias,
Rompiente marea que jadeas
El nombre de los fallecidos
En tu masa azulada.
Desde aquí, desde una roca oscura
Miro el horizonte teñido de malvas y naranjas
Y tú, aletargado, no me muestra la isla de la esperanza.
Es difusa, es adsorbida por la llamada de la pena
Que tan diáfano deja agujeros negros
Ante un Pegasus obsoleto.
¡Un valle de ortigas sedientas¡
Me apresa y despacito consumo las jornadas
En un ensueño rajado, seco, hambriento.
Hace tiempo que no te siento
Paisaje de mis entrañas
Te alejas, te alejas.


martes, diciembre 22, 2009

Ave gris...(poema)


Ave gris que en su caída libre
Forma montañas en la plenitud del crepúsculo,
Que raja la esperanza en el deambular de la soledad
Cuando nuestro beso se precipita entre rocas de nubes.
Ave gris que se oye en el vaivén de una marea muerta
Tras suspirar su último roce con los arrecifes del arco iris
Ahora tumbas donde la sonoridad de un viento no desfallece
Cuando la caricia se vuelve turbia a medida que las estaciones pasan.
Ave gris que cuenta como sus garras quebradas
Se derrumban cuando se retuerce la luna herida
De tanto y tanto ser espectro de sus ojos
Ante los espejos del silencio, de la helada.

martes, diciembre 08, 2009

El invierno rojo...(relato)


EL INVIERNO ROJO
No cesaba de llover, esas gotas corrosivas que certificaban la infertilidad de los árboles y la oscuridad de los peces. Peces que posaban en las orillas de los ríos con su esqueleto gravitando como vagabundos desheredados al impulso de la vida. Las tierras también se semejaban a ellos, tierras que se hallaban más allá de las corrientes marinas, desoladas por el defraude a la atmósfera que los envolvía.
No se observaba ningún árbol por aquel entorno, sólo , a millas y millas de distancias algunos deshojados, con el alarido intenso de lo yerma que era su savia, con el sufrimiento a galope por no sentir ningún ave posar en sus frágiles ramas. Solamente de vez en cuando una bandada de estorninos, de plumajes desvanecidos, era bodas de esa bóveda: turbia, pesada, agobiante , sin el esplendor de una luna reluciente y satinada de su enigma, sino el agolpar tirano de una oscuridad inmensa en su reflejo, en su espejo para aquellos que deseaban danzar su alma bajo su son, como el océano : enrarecido , distante de cualquier movimiento de seres vivos , inanimado, sólo mostrando lo bravo de su carácter cuando la marea cambia su curso y es furia de radiantes espumas blancas contra las rocas . ¡Las rocas¡ prisioneras de ese mundo hostil, asqueadas de ser servidumbre a la soledad que para el resto de sus vidas estaban condenadas .

Sólo un ser, un humano gravitaba por esas afiladas deformidades. Un único habitante en esa tierra de la nada y lo desahuciado de sus mares en el destino fiel a los presagios que se señalaban en el pasado. ¡Nadie escucho¡ Todos éramos inmutables a ese designio infernal que abrasaría a este planeta azul. Este, que con su variopinto mestizaje de diversidad llegó sin duda al cáncer y a una anacromática secuela en su faz y atmósfera.
Aquel ser que ambulaba por esos retorcidos y melancólicos paisajes era también tatuaje del sufrimiento. Sobre su espalda llevaba años y años de soledad. Contemplando en su memoria el signo de horror de sus amigos, bañándose de latigazos de vergüenza por ser cara a cara a ese mundo demolido. Su cuerpo se hallaba tembloroso al sentirse inválido para deshacerse de esa tortura que sus pies cansados tenían que pisar. Sin ese estado de éxtasis magnífico como si hiciera el amor al tumbarse sobre la hierba. ¿Dónde estaba el verdor ¿ Todo había desaparecido, fenecido bajo ese garfio maloliente y veneno del hombre. Ya no más cementerios de elefantes. Ya no más cementerios de ballenas. Todo era ahora una fosa común.
- Que extraño- sollozaba terriblemente- No siento el cuchicheo agudo pero glorificante de las gaviotas. Todo es penumbra. Todo es una esfera inerte donde la supervivencia ha culminado en moribundas y rancias huellas. Me hallo solo. Solo y esta yerma tierra. Cansado por no avistar ni el vuelo, ni el sonido de algún ser paralelo a esta vida mía.
El anciano continuaba con su errar nauseabundo. Con sus vestimentas aún más desgarradas. Con la desesperación penetrando por sus doloridos huesos cuanto más la realidad chocaba en sus pupilas.
- ¡Universo¡¡Universo¡ Cosmos que envuelve este minúsculo planeta. Si me escuchas, dame fuerzas para continuar. Dame ese aliento cómplice de la vitalidad para tener esperanza en un nuevo mundo, un nuevo florecer. Un nuevo mundo donde esta atmósfera asfixiante no me oprima. Donde esta tierra, donde mi rastro borrado, el viento vuelva a tomar esa belleza del ayer. ¿¡ Por qué¡? Por qué siento el alarido insoportable de las ramas. ¿¡Por qué¡? Por qué siento un átono suspiro de las aves. ¿¡Por qué¡? Por qué siento el desangrar imparable de los montes. ¿¡Por qué¡? Por qué siento la derrota del ser humano. ¡Qué inconscientes hemos sido ¡ Crecer en unos niveles desproporcionado y desmesurados de espaldas a nuestra madre naturaleza . Mira ahora este mundo, envuelto en miseria se halla. Como un vagabundo de memoria eclipsada por las brasas creadas en el pasado.
El anciano gravitaba en una distorsión de su razón. Gritaba, se remordía, se atribuía a él mismo toda la culpa como único superviviente del quejumbroso planeta. No dejaba de oscultarse, quería sentir sus piernas, sus muslos, su pecho, sus manos en ya su desorientado vagar. Le acosaba un insomnio aterrador, cada día que pasaba las pesadillas y el delirio era vigía que lo acongojaba más y más. Con reductos de floresta viva donde no la había, esos espejismos que por inercia se apodera en la sed y la soledad. Experimentaba un polvo marmóreo en sus piernas en cada paso estremecedor. La sentía, sentía su llanto agónico y su súbito cansancio. Pero en el se ramificaba una esperanza, una esperanza que se articulaba en sus pensamientos “Ojala renaciera un nuevo arco iris donde sus tonos pálidos fueran todo ese matiz colorido de la vida y la esperanza “¡La vida ¡ Sí, la vida , deseaba con todo su esfuerzo como logro de su descanso que brotará otra vez, que erupcionara en multicolor como tersa belleza desborrando ese luto .
Su suplica era un deseo ferviente que iba de sol a sol, un sol ceniciento y furioso. No quería esa vida desterrada de una mano semejante con el extermino de los seres que fluían en sus arroyuelos. Quería el aliento de la diversidad ya vagando por los campos de los moribundos, el sabor de las cristalinas aguas ahora insalubres, el vigor danzando sobre la faz de la tierra ahora con un agudo cimbrar por ser camposanto, el sabor de las hojas naciendo de una rama con ese verde esplendoroso, el sabor de las mariposas aboliendo ese inanimado paisaje de la tierra. ¡El quería ¡ Y esa fuerza culminante era objetivo que se aunaba a un rompeolas que estalla en un rayo de luz de esperanza. Aunque su cuerpo y espíritu cadavérico no fuera más que ya manjar de buitres. Sí, buitres, volando en círculos como si fuera un carrusel a ras de sus heridas abiertas.
Entonces, cayó al suelo de rodillas, con su gesto cabizbajo, con sus sentimientos en la vereda del llanto. Sólo, era zozobra de un cuerpo en los mismísimos huesos. Ya sin rogativas, ya sin el impulso ascendiente de sus anhelos. Callado, insonoro, sólo la sórdida bocanada de una brisa atrayéndolo a la muerte. Vencido ya. Con su último hálito. De repente, un especie de agujero comenzó a inundar esa bóveda azufrada, a la vez, a su lado, una pardela se poso. Lo rodeo hasta detenerse delante de él como signo de que le esperaba un largo viaje, como signo que le esperaba un cambio, como signo de que las enfermedades que espantaban a esa tierra iban a ser extinguidas con el coraje y los deseos que él había cimentado en sus pensamientos. De ahí, un relumbrar amarillento cubrió el cielo, acompañado de una especie de explotación y un seísmo proveniente de las entrañas de esa esfera hizo presencia de unos instantes. Pero, de nuevo, la oscuridad se hizo y de ese agujero negruzco que se dibujaba comenzó a emanar pétalos de rosa. Pétalos que iban impregnando todo aquella esfera terráquea enrarecida y sepultada. A medida que se posaban sobre la superficie esta se iba agrietando y de ahí se fecundaron ríos con gran corpulencia donde retozaban peces ; árboles de un majestuoso tamaño ; flores silvestres de un bruñido colorido ; aves que iban tomando la gama de esa cúpula que envolvía al globo terrestre ; toda una proclamación sorprendente de luz y color inaudita.
Esa convulsión extraordinaria como especie de una nueva creación era hechizo que lo ensimismaba ¡Vigilante del nacimiento de una nueva vida. ¡ Se sentía grande , gigantesco ,con un impulso acérrimo de llorar de alegría. Quería acoplarse a la naturaleza. ¡Por qué no ¡ Sentir ese brebaje vital de la tierra corretear por sus arterias, sentir la transparencias de las arboledas que iban atrapando todo ese ahorcado paisaje. Y, así fue, así fue como formo parte del aire, parte de la tierra, parte del océano en una mutación de ser pájaro. ¡Por qué no¡ Como hombre se sentía sólo en ese ajado ayer . Un ayer que ahora caía al vacío, se ahuyentaba con el flujo prolijo de la naturaleza, y él, enlazado a ella. Dejar pasar el viento a través de su multicolorido plumaje y ser caída libre ante las escarpadas montañas para después transformarse en su llegada al océano en estrella que surca por los arrecifes ulteriores de haber perdido ese blanco mortal.

martes, julio 14, 2009

¿Qué esperas?...poesía




38
¿Qué esperas?
Te revuelcas en la duda
Y te embarcas por tundras
Donde lobos blancos
Son llamas desintegrando tu pasión.
Aquí estoy, con el cuerpo desnudo
Entre sábanas de algodón yermas
Buscando el sudor de tus labios
A cada aurora que irrumpe con el quejido
De las amantes lejanas.
Marmóreas mareas piso
Que me dicen de la rosa negra
Que nos embriaga con su perfume de hiel.
¿Qué esperas?
Tu sexo sobre mi sexo,
Tu vientre sobre mi vientre,
Tus pechos sobre mis pechos
Galopando, galopando
En el frenético choque
De dos almas que se adolecen en desiertos subterráneos
Esperando la llamada de la mirada.
No me miras,
No te miro,
En el aire ronda el valle de las enamoradas,
Tan oscuro que el dulce trinar del astro rey
No nos da calidez, no nos da ese manantial
Donde al unísono anidaremos para beber.

Adiòs...(relato)


Adiós, así se despide de la borrasca que la incrusta en sensaciones amargas. Su romance con nubarrones se había acabado. No sabe como, un día donde esa carpa celeste del firmamento la llama dejo de seguir derramando lágrimas. La llama con el irradiar de toda su fuerza alojada en el sol y así continúo su andar por una vereda donde la sombra de los añejos árboles hacía aquel lugar intacto en los años, en los siglos. La humedad que allí se preserva la imanta para lamer la calidez de la soledad, del desalojo de sus debilidades. De repente en medio de esa vereda y con asombro es hallazgo de una flor, de una flor blanca como los astros que coronan el cielo cuando la noche cae. Se acerca a ella, se arrodilla y la huele. Emana la plenitud del boscaje, las palabras del silencio que la naturaleza erupciona. La caricia y dulcemente sin estropear sus pétalos le da un beso. Una brisa fresca la recorre, tersamente le devuelve ese beso. Ese beso que anuncia la abundancia en amor, en deseos nuevos. Los pétalos por un instante forman una alfombra que parece eterna. Ella se levanta, camina sobre ella sigilosamente. El bosque se levanta, las ramas y los troncos que están en el suelo le dan paso. Al final de aquel sendero de pétalos blancos se descubre un lago de aguas transparentes. Ella se desnuda. Ella se sumerge. Ella vive cuando brota otra vez con la tonada de la luz de las estrellas. Ahora como mujer del hoy, como mujer cuyos propósitos se embarcan en una serenata de fuerza para que sean reales, para que sean reales.

Te miro...(poesía)

Te miro,
Me miras en la delgada línea
Que nos separa de la llama de la pasión,
Esa pasión que conmueve los astros
Que giran y giran en la madrugada
Cuando nuestros cuerpos danzan en el sueño.
Te miro,
Me miras por la angosta calle desierta
Donde las palomas blancas solo son sus habitantes
Cuando el crepúsculo lame la ciudad
Y te aproximas con los dolores del ayer
Y yo con la brisa te llevo por los ensueños
Donde yeguas verdes cantan al mañana.
Te miro,
Me miras a través de un arco iris
Para no morir en la angustia de la soledad
Y mi voz de años, de siempre, te atempera
Con pianos y violines que te acoplan a mi cintura
Y nos hacen recostar sobre agujeros negros
Que nos llevaran a otro tiempo, a otro lugar
Te miro,
Me miras por donde el viento se lleva el lamento
Con caracolas galopantes anunciando
Que ya jamás el llanto será beso a tu cuello
Sino mis labios será seda que serpenteante
Embellecerá tus ojos apagados, tus labios cansados.

martes, junio 30, 2009

El y ella

1. En la ventana

Buceando en los recuerdos, esos recuerdos que nos da sombra cuando el alba disfraza la luna de sol. La andadura vestida de nostalgia nos embarca en el llanto, en la llamada de esas estaciones idas cuando un círculo de hielo nos rodea.

Xx:
¿Qué haces?
Yy:
Aquí, sentada en esta ventana mirando el mar. Mirando los recuerdos del ayer. Ven, ven siéntate conmigo.
Xx:
No. No tengo ganas. Me acabo de levantar y…
Yy:
Y ya lo se te vas a dar una ducha para salir a tu paseo diario. ¡Ay los años¡ No podrías cambiar un día.
Xx:
Son muchas estaciones ya con esa costumbre y si no lo hago es como si me faltara algo. Me voy a duchar.
Yy:
No, no te duches. Por qué no te despierta con el ronroneo de las olas, con ese sol que con su frescura está naciendo.
Xx:
¿Qué te pasa hoy mujer? ¿Por qué me hablas de ese modo?
Yy:
No se por qué amado mío. Hoy me encuentro melancólica. La nostalgia me arrastra por arenas movedizas y necesito de ti. Estamos tan distanciados últimamente. No te das cuenta. Pasan los años ¡Los años¡ y siempre hacemos los mismos. Tu te levantas te duchas y te vas a caminar hasta la hora del almuerzo y yo…Yo, aquí, entre estas cuatros paredes leyendo o haciendo otra actividad.
Xx:
Bueno, ya empezamos. Somos viejos y cincuenta años de matrimonio. Hay creo que la suficiente confianza para hacer lo que queramos.
Yy:
No, no es eso. Estás tan equivocado…Vete a ducharte anda.

El se va a duchar y ella se contemplando una de las maravillas de la naturaleza. Ese océano dorado cuando se infiltran los primeros rayos solares. Está en calma y de él se desprende una sabiduría de millones de años

2. Ella sola
Yy:
Que hermoso eres con la plenitud de tus olillas, con esas rocas que bañas. Yo aquí sola como siempre. Sentada, esperando el último minuto mientras tú vagarás eternamente frente a esta ventana. Sabes, me daría un baño en tus aguas pero es que estoy tan vieja.
Mar:
¡Vieja¡ Que dices mujer. Aquí te espero. Mis aguas están en calma para tu cuerpo se sumerja en mí.
Ella se levanta, coge su bastón y va a la habitación. Se pone torpemente el bañador y baja.

3. El solo
Xx:
Que día más esplendoroso hace hoy. Es tan temprano que todavía no discurre nadie por estas aceras. ¡Ay mi mujer¡ La amo. Tanto es mi amor que las palabras se quedan desnudas, solitarias. No se como decírselo, el silencio me ata y no encuentro la frase adecuada que a ella la reanime. Será este cansancio. El mar esta deseoso. Nunca lo había visto así. Me entran ganas de darme un baño. Si, un baño.
Mar:
Aquí te espero. Ven, ven conmigo.

4. El y ella
El y ella bajan a la arena. No se ven. Se aproximan a la orilla y se quitan las ropas. Lentamente la sed de por ese océano se va apagando, ambos, se introducen en el agua. No hay nadie solo ellos dos. Se ven. Se aproximan. Se besan.

Nacientes de esperanza...(poesía)




Un agujero donde todas las emociones emanan
A la luz de un sendero de palmeras
Donde la erupción de una alfombra de recuerdos
Nos lleva por un paisaje bello y encantador.
De la mano arribamos por orillas
Nacientes de un océano donde los cuerpos
Se mecen al vaivén de calderones,
Nacientes de cuevas donde una hoguera
Atempera los sueños que edificamos
Con la dulzura de una brisa que nos recoge
Y nos lleva bajo la luz de la esperanza.
Un agujero que comprende todos nuestros secretos
Como velero en busca de una isla azul
Donde la libertad sea esa fortuna que conquistar
Con la palabra honesta y bondadosa de la caricia
Deseada por el brío del amor.
Nacientes de náufragos que saludan a la vida
Con la música de las estrellas,
Con el llameante astro rey marcando sus caminos
Para erguirse en donde las siemprevivas crecen,
Nacientes de una esclavitud que se extingue, que se extingue
Entre jazmines inmaculados
Que harán de tapiz en una tierra
Donde la hermosura y la inocencia
Brote otra vez como recurso de las llamas
De la alegría, alegría.

martes, junio 23, 2009

La canción(relato)




El cielo era ese malva mezclado con lo dorado de la caída del día. Las montañas, oscuras ya, era relieve donde se dibujaban figuras extrañas. Los pájaros se habían ido a dormir con la dulce tonada de la luna que venia. Ella estaba ahí, encima de una cima, esperando con la primera estrella de la noche la abrazara con su brillo. Y llego, entonces todo tomo un tono negro y un sendero iluminado por la plateada. Siguió ese sendero como quien persigue su presa. Con una fuerza oculta comenzó a tatarear una canción, una canción que hablaba de un amor lejano, ausente. Las horas pasaban y ella seguía con la misma canción una y otra vez, una y otra vez. El pueblo se veía ahí abajo, casas regulares que dado por los toques de la hora casi no se distinguían. El alba con el broncíneo de su manto se hizo y ella rendida dejo de cantar su deseo, su amor. Volvió al pueblo montaña abajo con la compañía de un arroyuelo que nacía de la cumbre. Volvió con sus ilusiones desvanecidas y el intermitente vaivén de la brisa. Todas las noches haría lo mismo, haría lo mismo hasta que su amor llegase.

lunes, junio 08, 2009

LA PROMESA...(RELATO)




Erraba a propósito de cumplir una promesa. No se vencía, la muerte de su amor había llegado temprano. Con el nacimiento del invierno feroz, cuando las aves migratorias van a otras tierras por su calidez. ¡Si¡ como ave se había ido pero no a otras tierras de las cuales pudiera volver. Estaba allí mismo, en un nicho donde le habían dado sepultura. Su promesa era llevarle flores todas las semanas. ¡Que cansado¡ decía ella. Ese cementerio que ahora en primavera era encuentro de almas solitarias, de almas solidarias para los muertos allí presente. Donde el silencio corretea con el eco de las pisadas de todos los que allí se mueven. Ella entonces decidió colocarle un pequeño arbusto. Como su tumba estaba pegada al suelo no sería inconveniente ponerlo en lugar de flores ese pequeño arbusto, ella ya lo iría a regar y cuidar de vez todas las semanas. Pasaron las semanas, pasaban los meses y ella no iba. Se había olvidado de ese arbusto, más bien cansado, no le gustaba nada los cementerios pero aún así un día pasó por allí. Quería acariciar esa lápida.
El verano ya empezaba asomarse. Un cielo límpido y un sol de ese que dicen que rajan las piedras. Al llegar a al nicho de su amante el arbusto no estaba posado en el suelo. Pero sin embargo noto que la lápida estaba agrietada y de ella salía el arbusto. Una corriente de pánico pacífico recorrió su cuerpo. ¿Qué había pasado? En esos momentos no había nadie por allí, ni el sepulturero. ¿Qué hacer? De pronto escuchó una pequeña voz, una voz que provenía del nicho. Asombrada y con temor no se movió. Su rostro señalaba palidez y al mismo tiempo un sudor frío la embarcaba por los campos de la extrañeza.
- ¿ La promesa Anne?
- La promesa. Perdóname amor mío. Pero aunque yo no halla venido sigo amándote.
- Si, querida Anne. Yo también sigo amándote. Ya ves este amor. Es tanto que el arbusto que me dejaste es ahora parte de mí, parte de ti. Riégalo y mímalo por favor.
Anne no sabía que hacer, se había quedado un poco paralizada pero manejada por esas palabras obedeció. Fue a coger un poco de agua y regresó.
- ¿Cómo regarlo si está dentro de la tumba?
- Anne, solo tienes que echarle un poco de agua en sus hojas como si de mi se tratase.
Anne comprendió. Remojo su mano en el agua y fue acariciando hoja por hoja como si fueran las manos, los labios de él.
- Gracias por tus besos y acaricias Anne. Ahora vive. Ya ves que yo estoy bien. Se libre. Busca otro amor que a mí con solo una leve caricia a mis hojas cuando tengan sed me basta. Adiós amor mío.
Anne se fue, se fue con el alma tranquila.

domingo, mayo 31, 2009

Un sol rojo



Un sol rojo del que emana las raíces de la vida,
Del que erupciona una bóveda turquesa
En la que árboles disecados dan sombra
Al manantial de tierras arrastradas
A un nuevo nacimiento.

martes, mayo 26, 2009


El océano bajo montañas oscuras
Donde los sueños no son aniquilados
Cuando la lluvia crece y crece
En nuestras venas.
El océano, hijo de las estrellas y la luna
Se mece por los secretos de los chacalotes,
Uniforme, es antorcha donde los cuerpos se aman
Y enmudece cuando el sol agita sus primeros rayos
Para decir besaros, abrazaos, atad el amor
En vuestros corazones, en vuestra esperanza.

sábado, mayo 23, 2009




Desemboca la calma
En un templo donde su camino
Es para el refugio sonoro de la esperanza.
Apartada está, entre islas cuyos pilares
Evocan erupciones de begonias
Y delfines cuando el alma reposa.
¡Venid¡
Venid aquí dice el ave de la vida
Para vestiros de la paz floreciente
Que conforma el abrazo, el amigo…

viernes, mayo 22, 2009

Camilo(relato)




El pueblo está lejos aún. Pero no cree que tanto. El océano lo baña con sus palabras de espuma. Piedras y un cielo que extingue las nubes dice que está cercano. Ella no piensa en nada. Solo en llegar a esa casa cuadrada de pintura desgastada. Allí está Camilo, un pescador que el paso de los años no lo cansa. Antiguamente lanzaba sus redes cuando la madrugada aún daba cabida a sus fuerzas para pescar algo y venderlo posteriormente en el mercado. Ahora sigue pescando, sigue pescando esos cayucos que se remojan en su mar y que sedientos y moribundos necesitan de la mano amiga. Todas las madrugadas al océano con sus redes al encuentro de almas perdidas por la esperanza y los sueños. Hoy, ella, quiere encontrarse con él. Preguntarle el porqué es manta cálida de esta pobre gente. Que siente, si su felicidad está ahí, en la mano tendida aquellos que los eclipsan las estrellas. Sabe que una llamarada de fértiles palabras brotará de él. Que temblará y se enternecerá cuando Camilo cuente su historia, su vida. Una vida humilde alumbrada por los ecos de los espíritus que vagan por el misterioso océano.

Donde el sol nace(relato)




Cuerpos que ambulan en la madrugada cuando los pájaros son color de su canto. Ella despierta lentamente, forma un poema en la mano que enrollado tirará después dentro de una botella al mar. Ese mar misterioso, que se clava con su belleza en su mirada con la sed del amor. Pausadamente su llanto se eleva bajo su techo, maravillada de una música que la hace meditar. Se sienta en el sillón del salón y desde ahí vaga y vaga por el mundo del recuerdo. Las lágrimas rozan sus labios y un vacío se va edificando a medida que las primeras luces de la mañana van a su encuentro, al encuentro de otros que como ella erupcionan cargados del reencuentro del ayer. Ya es hora de tirar esa botella al mar en el que el mensaje escrito está rebosado de ternura y soledad. Su cuerpo desnudo se viste con ropa sencilla. Quiere sentir todo el frescor de la brisa marina. Sale de su casa, baja las escaleras con la pesadez del pasado a cuesta. Y, ahí, frente a ella, ese universo que conforma las mareas y las olas. Se descalza, quiere sentir la humedad penetrante de la arena. Lanza la botella con una leve danza que la devuelve a la vida. Lanza la botella con un suspiro que sonríe a su corazón, a su corazón…Cuerpos que emergen del océano cuando ya el crepúsculo es entrada. Y emergen a medida que la botella se aleja y se aleja. Cuerpos que con sus algas y caracolas se dirigen a ella y la llevan, la llevan donde el sol nace.