domingo, marzo 15, 2020

Divagaciones de una mañana de 15 de marzo del 2020


Despierto. Un aliento de soledad ronda las aceras. Día 15 de marzo del 2020. Un virus se revuelca en la respiración atenta, pausada. Inspirar y espirar, espirar e inspirar. Aplausos aquellos valientes que demuestran sus ojos , sus manos a esta batalla que hay que afrontar. Despierto. Miro desde mi ventana, el ambiente se vuelve estático, hermético,  consolidando la lucha. Un baño de agua caliente se enhebra en mi desnudez, en vertical. Despierto, la cura se frota en los cuerpos andantes del mañana en una atmosfera embelesada en las ganas de sonreír. Despierto,  el cielo está nublado, el frescor penetra en mi rostro y me enderezo, sorbo un café, un cigarrillo y lo cotidiano se vuelve techos donde las pisadas se repiten, se atañen a una cierta tristeza, a una cierta voluntad de ser vuelos altos de los sueños.

sábado, marzo 14, 2020

Calma....















Calma. El todo es la calma. Paredes que estrujan los pasos rutinarios hacia una luz del crepúsculo. Silencio. El todo es el silencio. Calles solitarias, algún ladrido y no más. Aislamiento. El todo es el aislamiento, cuerpos moviéndose en torno a las manos caídas, a las manos lejanas, a las manos ahuyentadas.  Y aquí estamos, corriente gravitando alrededor del murmullo de una pantalla, de un papel como afluente de las noticias. Nada. El todo es la nada. La distancia en la existencia de la interiorización, en el cavilar con nuestra alma, libre de cada espejo reflejando la ausencia. Sin embargo, el cosmos nos abriga, los astros pacen sobre nuestros hombros.  Sin embargo, luchamos en el espacio de nuestras conversaciones con las mareas, con las cuidadosas pisadas abasteciendo nuestro espíritu. Encendamos una vela, pronunciemos vida y seremos resonar de la alegría, de la conciencia de este mundo.

miércoles, marzo 11, 2020

En la inmesidad...







En la inmensidad del boscaje. En la inmensidad de la danza cuando la brisa fuerte palpita en las ramas. En la inmensidad de mi reconditez me hallaba. En solitario e insonora al bullicio de la urbe me había huido donde los manantiales son riachuelos de la sabiduría, donde los pájaros vuelan bajo a ras de mis ojos, de mi espalda en cada pisada dada. Donde la inmensidad del musgo y los helechos abrigaban mis sentidos.  Estuve varías jornadas, noches con la luz de la luna  y días con las sombras del sol.  Me arrastraba hasta el risco mayor, ahí donde los arboles se esconde y pelado queda el monte. Me arrimaba al abismo y recorría con mi mirada, con mi lenta respiración, inspirar y espirar, espirar e inspirar, la eternidad del instante. Un instante convertido en un arco de colores que me invitaba a seguir, a continuar en su corpulencia. Y paso a paso andaba por ese arco iris y abajo el bochornoso vals de una sociedad manchada por la melancolía, por el gris despecho de la madre tierra.  Al tercer día retorno a la ciudad, una ciudad iluminada con las luces artificiales de las miradas, de los rostros sin ojos cuando mi paso, sus pasos se cruza. Nadie me había echado de menos, abandonada en la inmensidad de la urbe, en la inmensidad de lo gélido de las manos tome presura de mis piernas, fui hasta bajo mi techo, mi casa. Allí el absoluto silencio se compartía en ojos de desesperación, en ojos de desgana, en ojos molidos de una vida cerrada al viento como alma de nuestra aventura de ser.  Callados, recelosos no me comentaron nada. Encerrada en mi cuarto, me acosté, un sueño embargo mis ganas y en calma viaje en un velero despuntando la sonoridad  de la esperanza, despuntando la pacificación de los espíritus en mis manos, en sus manos.  Desperté en la inmensidad del boscaje de nuevo. En la inmensidad de mi esencia como mariposa, mariposa viva en la lucha de su destino Y ¿Cuál es el destino? Se preguntarán, me pregunto. Un inmenso e incierto haz de caracolas y algas como trompetas al vacío, como manera de un olvido, como una postura de un mañana. Ya lo ven, un inmenso mañana enredado en sus manos, en sus besos, en las breves sorpresas de la inmensidad de lo cotidiano.

sábado, marzo 07, 2020

¿Estás cansada?

















¿Estás cansada?
El animo a ras de tu rostro
Aves invertidas en el vuelo insonoro
Vienes con ojeras en tus pies.
Vienes con el peso de tus hombros.
Vienes con el llanto de tus espaldas.
¿Estás cansada?
Ojos opacos en túneles de sombras.
Vienes con tus manos perdidas.
Vienes con tus labios de escarcha.
Y vienes…
Y vienes con la nada de tus latidos
Y vienes acostándote con la oscuridad.
¿Estás cansada?
Mujer del dolor.
Mujer de las cicatrices.
Mujer del mañana
¡Sí¡ del mañana
Donde tus alas son un arco de colores
Hilando la vida, la alegría,
Los emotivos vuelos a ras de tu rostro.


jueves, marzo 05, 2020

La mirada...


El espejo. Me miraba en el espejo, desde el reflejo la veía con sus manos apagadas, con sus manos arrugadas, con sus manos esbozando un movimiento que se transformaba en delicadeza, con sus manos frágiles.  Su cabello era cano y le llegaba por encima de los hombros, esos hombros donde se soporta la pesadez de los años, las cargas de una melancolía a veces rebozada de alegría. El tiempo ha pasado y yo en el espejo, observándola, examinándola en su vejez. Ella mira por la ventana y saluda inconsciente a todo lo que pasa, sean ya pajarillos, sean ya personas, sean lo que sean.  Ella gravita entorno a ella en el paso del tiempo. Ahora, no le importa las horas. Sus ojos vivos aún a veces me miran. Me miran mientras yo en el espejo la miro a ella. Coge una aguja, se detiene en un botón a punto de caer y lo cose. Una sonrisa se deja ver en su rostro. Después me mira, me mira como yo la miro a través del espejo y asiente. Ojos abandonados  a las sombras y luces de la vida. Después, la ventana, levanta su brazo y saluda a no sé quién.  Y yo me miro en el espejo mientras ella se levanta de la silla y se va a por su café. Mi entereza se vuelve como la de ella, vital. Mi yo se disfraza de belleza y voy tras ella. Nos sentamos en la cocina, una frente a otra. Me mira. La miro. Señales de felicidad me cede de su tez apagada, secuestrada en el paso de las décadas. No me dice nada, no hace falta. Yo tampoco hablo. Conversa nuestra confianza, nuestras emociones, nuestros vestidos de un paseo por algún parque cercano, nuestro café humedeciendo nuestros labios.  Solo conversamos con el tiempo, un tiempo que se acaba. Ella se irá antes, lo sabemos y me dejará lo bonito del cariño, de la ternura. Me dejará el saludo a los pajarillos, a las personas que pasen a ras de la ventana.  Y tendré que olvidar y continuar bosquejando mi  entereza.

miércoles, marzo 04, 2020

LA FRONTERA








De espaldas. Sí, de espaldas. Ellos dos y el silencio. Ellos dos y la distancia. Uno contemplando las manías hipocondríaca de una sociedad. Otro, despechado, bajo un campo de sombras negras.
XX:
 Sé que estás lejos…muy lejos e intento abrazarme a tus dudas, a tus penas, al derrumbamiento de tu verticalidad. Lejos….muy lejos, donde el mundo es una atmósfera insoportable agitada por el desprecio, por el olvido. Quieres llegar pero la frontera ¡Ah , la frontera¡ De qué demonios frontera me hablas en un mundo globalizado. Sí, de aquí escucho, miro los periódicos y estremece el canto de la agonía en tierras de la desidia, en tierras de helados sentidos, en tierras donde mi mano no te alcanza. Ay , amigo mío ¿Te acuerdas cuando nos escribíamos? No sé nada de ti. Solo que querías llegar…llegar donde el arco de colores sonríe después de tantas y tantas penurias. Muertes anónimas allá…Sí, allá donde tu te hayas.
YY:
No. No estoy lejos. Estoy tras la frontera. No te das cuenta pero te puedo ver. Eres inconsciente del peligro, de los dolores, de la muerte andando como ave hechizado por la oscuridad. A veces pienso que es mejor así. No soporto el daño a estas gentes que viajan al vacío, de estas gentes prisioneras de todos. Sé que me esperas, todavía vivo. Estoy aquí con las corrientes mascullando quien será la próxima víctima. Solo enfermedad, solo muerte.  Amigo mío confió en que llegaré, no sé en qué estado.
Xx:
Un cuervo se posa en mi ventana. Lo miro. Malas esperanzas para ti, amigo mío. Malas noticias se reparten por este continente donde todo se aloja ahora en obsesiones. Una enfermedad ha llegado, un enfermedad que parece mortal. Pero no, la muerte la tenemos en nuestras manos, la muerte está en nuestras manías, la muerte está en nuestra visión psicótica respecto a ella. Mientras tu…si, tu.  No sé de ti, imagino tus manos heridas, imagino la propagación adherida a tus espaldas, a tus ojos de la muerte. La muerte de verdad. Eres un refugiado de las diabólicas ideas del poder ¡Oh, amigo mío¡ Poso mis pensamientos en ti y el llanto y el remorder me paraliza en un estado de fracaso. La humanidad ha fracasado amigo mío, querido amigo.
YY:
No. No estoy lejos. Estoy tras la frontera. Los malditos dioses han creado un mundo de hipocresías, de mentidas concedidas desde nuestro nacimiento. Así estamos. Me alejo. Me ausento donde no soy influjo de la mediocridad y bailo al son de mi libertad sin hacer juicio a la procedencia de todos los que estamos aquí. Todo es cuestión de tiempo, un tiempo que a veces nos retuerce, un tiempo que parece eterno, un tiempo que nos desprecia en el hoy ¿Pero, mañana? Qué será del mañana. Sí , amigo mío, la humanidad ha fracasado , puedo convencerme de lo que razonas. Ay , amigo, siento dolor, mucho dolor. Algún niño ha nacido, escucho el dolor de alegría de la madre, escucho el llanto innato de esta nueva alma, nacida donde la lumbre de la miseria y la desesperación nos vuelve pena.  Y ¿qué será de él? No , no quiero preguntarme ¡No¡ harto de este hostil lugar no quiero saber nada ¡Ay amigo¡ , amigo mío ¿Nos veremos?
XX:
¿Nos veremos? Todo está tatuado de mal ¿Nos veremos? Sí, amigo mío. Haré todo lo posible por hallarte. Y te daré un abrazo, y te daré mi mano. Te presiento. No me gusta estos presentimientos, pero sé que estás cerca ¡Oh , amigo¡ Amigo mío, querido amigo. Solo pensaré en ti, que mis fuerzas te traigan, que mis ganas te dejen ver. Y te daré un abrazo, y te daré mi mano. Amigo, amigo mío….





martes, marzo 03, 2020

Marzo....


Marzo,  ondulantes mares donde la huída pasea por nuestros ojos cerrados.  Sí, ojos cerrados al encuentro de la verdad. Marzo, se vuelve repetitivo en el suceso de los años, ahora, alejados en las ojeras de la memoria.  Hace frío, un invierno tardío concilia el sueño de los almendros donde se sana las desavenencias de las pisadas. Marzo, un campo de refugiados abocados a la gangrena de nuestra mirada despectiva. Vuelan las aves y el frío se entorna en navajazos contra la existencia. Marzo, aquí, la isla. Una isla habitada por el silencio ante las fronteras de balas rajando la inocencia, torturando el éxodo  por un incomprensible despecho.  Ojos cerrados y el desvanecimiento de las palabras ¡No¡ no hay palabras, la conversación gira en torno de hogueras que se apagan.  Marzo,  abrázame fuerte compañera  que los gritos de la nada retumban en una sepultura de ojos blancos, de manos cansadas, de espaldas arrojadas al vacío.