Animo, la danza del desierto es lumbre de los corazones
yertos en el cambio de sintonía al ritmo de esta esfera. La paz, ahí, se
congrega con garzas azules batiendo el vuelo en el sentido de la existencia de
una promesa que nos arranque de las malas raíces ramificadas en el no de su ascensión
hasta la cumbre más alta. Venga, sigamos, continuemos con la lucidez de los
astros vagando en el deseo, en el anhelo suave de una esperanza abotonada de
blanco. Miremos allá arriba, un cielo límpido y en calma clama el regreso de
sus ojos plateados, mansos sobre este planeta. Acaricia mis manos, acaricia tus
manos, acaricia nuestras manos conscientes del sendero próximo al equilibrio, a la armonía. Se acerca, sí,
viene con un grito insonoro con él nunca más de las batallas que nos tira por
precipicios nefasto. Ay…la paz…la paz solo es eco de nuestro yo. Nos sentaremos
donde las olas rompa y envejeceremos con la promesa de una tierra sostenible
para venidera estaciones. Ay..la paz…la paz, izamiento de plumas amarillas
transeúnte de las miradas.
Este blog esta bajo los derecho de autor para cualquier información laguna198@hotmail.com Lo escrito son ideas primigenias que después se han corregir y alterar.
miércoles, noviembre 30, 2016
Sigamos...
Sigamos,
A través de los ojos nutridos
Del aliento del crepúsculo.
Aquí, nuestra madre,
Atmósfera del bien
En la proyección de un mañana
Elaborado con añejas recetas
Suspirando al amor.
Sigamos,
Un árbol se hace gigante
Y de sus ramas colgamos
Cada instante en los años
Crecientes en la memoria.
Así, madre,
Consuelo de nuestras espaldas
Emancipadas del mal,
De la proyección en vertical
De nuestros pasos.
Sigamos, continuemos
En el mecer de sus sueños.
lunes, noviembre 28, 2016
No me digas que llega la noche. Esperaba saborear algo más
de luz, consumirme hasta los últimos rayos solares. No me digas que te vas.
Estamos, aquí, en un andén a la espera que el tren pase y te evapores en la
distancia. Bueno, a lo mejor será benévolo para ambos, un alejamiento por poco
meses, por poco días. Ya el tiempo dirá. No me digas que no vas a volver. Ja…tengo
que creerte, no sé si lo superaré. Intento edificar un mundo de cristal a mi
derredor y la tensión se mueve en sentido de la decadencia. No sé lo que te ha
pasado. Esta ruptura…este adiós imprevisible. Sí, disfrutamos mucho con el
juego del amor, con el juego de la existencia de nuestros labios acariciándose.
No sé qué pensar. Con tu ida me derrumbo, no la esperaba. El tren se acerca,
siento su chillar melancólico enraizado a raíles oxidados. Bueno, te dejo. Me
voy. No te olvides la maleta. No sé ni lo que te llevas, espero, algún pedazo
de lo que fue. Me voy. Ella ahí, esperando la llegada del tren con su maleta
quejumbrosa. No la entiendo. Quizás sea para bien. Quizás….quizás mañana
volverá.
Pesa esta maleta a igual que cada recuerdo de nuestra
convivencia. Pero no puede ser. Ya se ha ido. Siento alivio, una congregación
de paz se revuelca en mi vientre. ¡No¡ no sentiré aspereza, hincaré el diente a
un vagón y me difuminaré de su espalda ya ausente para él jamás. No, no
volveré. Hastiada. Necesito de mi soledad, de mi interrumpible grito de
libertad. Subo al vagón, rostros extraños desvían la mirada al horizonte
oscurecido. Me siento sola. No hay nadie ni al lado mío, ni enfrente. Necesito
respirar. Ella creé que retornaré, pero no, esto es solo ida. Una ida que se
funde bajo los montes rápidos que veo en viaje. Ella cree que me ausentaré por
un corto periodo pero no es definitivo, una ruptura balanceante en todos años ¿Cómo
no pudo verlo? Es incompresible. La frialdad azotaba nuestros corazones o mejor
dicho mi corazón. Solo disimulaba para no dañarla. Todo tiene un límite, un
límite donde el cuento se pierde en el olvido y evocamos su fin. Quizás…quizás
mañana lo entenderá.
domingo, noviembre 27, 2016
Cansada...
Es otoño. La lluvia, los trozos de hojas se expanden a
través de nuestras pisadas. Amanece, singladuras más allá del viento norte que
agarra nuestro rostro y lo encrudece. Vengo de lejos, de muy lejos. Ahora aquí
evoco la memoria de los cuerpos arrastrados por el mal oleaje, por la maldita
brújela de la existencia. Somos muchos en una barca que en cualquier momento se
destrozará, se hundirá con nuestras almas abogando a la vida. Sí, la vida…a veces
tétrica, plasmada en nuestros anhelos que ahora se diseminan en este océano de
la distancia. Alambradas se enredan en nuestras manos, tierras yertas a la
libertad enmudecen y no nos dan la bienvenida. Somos ecos de ellos, de esos
centros donde como con rejas oxidadas que nos impide ver la luz. Al menos lo
hemos alcanzado. Gigantes urbes edificadas en el silencio de la armonía. Será
otro punto de vista. Estoy aquí en un recinto cárcel donde la llamada a la
libertad será todavía lejana ¡Ven¡, digo. Ven hacía nosotros con alas majestuosas
para poder alzarnos. Estamos atados, atados a la ventura de un sueño que
envejece a medida que pasan las estaciones. Solo he huido. Huir de la masacre,
de los corrosivos alientos y ojos de humanos que al fin al cabo solo quieren la
muerte. Desde mi ventana enrejada veo solo un patio donde, nosotros, los huidos
al encuentro del sosiego damos vueltas y vueltas en círculo. No, ¿qué delito
hemos realizado? No lo entiendo. Solo quiero auxiliar a mi familia de los
terrores de la guerra, del hambre, de las injusticias. Nos tratan como delincuentes,
aquí, clausurados a la fragancia vital del continuar con nuestras pisadas
¡Dejadnos¡ ¡Dejadnos navegar por vuestras calles al son de una lenta respiración¡
Quiero oler la jornada sin mis ojos presa de estos barrotes. A veces pienso, huir de nuevo. Ah, no tengo
fuerzas ¡Cansada¡ Cansada de la monotonía de este supuesto grito de libertad.
viernes, noviembre 25, 2016
Alejados...
Alejados, momentos que se contrae en un espacio donde dos
cuerpos trepan a la cumbre de sus besos. Ellos, ahí, desfigurando lo cotidiano
en el albor del querer. Somos seres de aquí, de esta atmósfera absorbiendo de
las jornadas lo más hechizante, lo que se pueda enhebrar bajo las luces de un
otoño. Un árbol más allá de la ventana que los vigila, así, de manera suave,
reflejando el viaje a los eviternos instantes. Dos cuerpos sudorosos en la
estampida monótona de los soles. No desean aliarse a la existencia, a la vida
que los hilan con otros. Están bien, aislamiento hasta que el cansancio se
arrime a sus alas ahora inmóviles, estáticas, palpables a ras de sus miradas.
Sí, alejados, sentidos presente en la emoción, en el mágico imantar de la
dualidad de sus manos. No hablan del adiós ¡Flores emergentes en la sutil
caricia de sus labios¡ Así, en el infinito del universo solo olisqueado por
perennes gracias del uno con el otro, del otro con el uno.
sábado, noviembre 19, 2016
El orificio...
Una bóveda ceniza anunciadora de
lluvias venideras huelo desde este rincón donde estoy. No sé por qué me dio por
vigilarla, es algo que me asusta, que me incomoda. Un pequeño orificio en la
pared daba a la habitación contigua. Al principio pensé de que se trataba de
una mancha, una mancha en la pared. Cuando fui a limpiarla descubrí que mi ojo
podía mirar más allá de este cuarto donde ando recluido. Ella ahí, desnuda,
bailando al ritmo de una música acelerada. El sudor de su cuerpo, la atracción.
En su habitación no hay ventana solo la luz de una lámpara sin embargo ella parecía
estar ausente a todo lo que la rodeaba. Yo vigilante en cada despertar de su
ser, de sus movimientos. Alrededor un halo de hojas secas serpenteantes a sus
pisadas, a cada tacto de ella con el suelo de madera ¿Cómo podría ser? Yo
miraba y miraba, miraba en su soledad, como se acariciaba su cuerpo en cada
paso frente a un espejo. Me era desagradable el estar espiando su intimidad. En
la residencia decían que era una chica extraña, introvertida, una mezcolanza
entre el aislamiento y los desiertos cuando la timidez invade la persona. Ello
me hacía mirarla más y más. Era una explosión en plena calma, una mujer que
rozaba la ensoñación cuando a solas se encontraba. Me dio cierta pena.
Observaba como hablaba con estas paredes, con la alfombra de hojarasca que
bañaba su habitáculo. Un día decidí tapar el agujera, dejarla en su mundo, ese
mundo que desconocemos. Comencé a saludarla a partir de ese momento. Sí, hablar
con aquella que había emocionado cada instante de mis ojos en el agujero de la
pared. Nunca le conté mi secreto, nunca le dije que la amaba.
jueves, noviembre 17, 2016
El
Espíritu:
Siempre maldiciendo el resonar desterrado de estas paredes. Gritas, ¡ay vida maloliente desemboco en
la tiranía de la soledad desde que él se fue¡ Mi ser, mis sentidos se revuelven
bajo las ventiscas de un tifón que me lleva a agujeros negros de un universo
que desconozco ¡Dónde estás amado mío¡ orbito en la sentencia de mi ira ante tu
ida. No, no puede ser te has marchado callado, solemne en el vasto imperio del
vacío. No, no quiero oír más tu lamento, esa agonía expresada en llantos y
encierro. Respira hombre de hoy. Inspirar y espirar, espirar e inspirar con el
mecer de las jornadas venideras.
El:
¡Qué escucho¡ ¡Es su voz¡ Ha regresado para reprenderme, por
ser solo un sonoro anacoreta que veía en sus ojos. Muéstrate amado mío. No, no
te veo, solo te escucho los zumbidos de un que suenan a ti. Dices, no quieres oírme
más, oler todo lo que se pudre bajo este techo desde que te marchaste. Sin
embargo, conversas conmigo ahora o soy yo. No lo sé. Llevo estaciones aquí
recluido, la luz del día angustia mis ojos, la noche chorreo trazos de tu
esencia, de tu aroma y puedo asomarme y ver más allá de las estrellas ¿Te
acuerdas de aquella melodía que tanto nos gustaba? Triste, decaída, humilde,
sencilla, sonoridad de los corazones que se amaban. Te presiento y tocaré para
ti, para tu venida.
Espíritu:
No. Rompe ese piano. Destroza las ventanas ¡Márchate de esa
casa¡ Sí, esas paredes te manchan, te engarrotan y solo te deja pensar en mi.
No he dicho que me olvides, solo soy un recuerdo de un efímero recuerdo
sempiterno. Agárrate fuerte amigo mío, querido y lucha por la vida. Ya nos
veremos, más adelante cuando redoblen las campanas por tu desvanecer de esta
tierra.
El:
Sí, me iré. Pero antes tocaré, tocaré toda esta noche hasta
que las filigranas solares me avisen de mi ida. Me siento feliz ¡Oh escucharte¡
Me das una opción, la de vivir o no. Esperaré mi turno y cuando la luz azul de
invierno me avise contigo me reuniré. Jugaremos, reiremos, tocaremos el firmamento
con nuestros labios, con nuestro amor.
Espíritu:
Toca y toca. Desahógate y luego te largas como me iré yo.
Y tocó
durante toda la noche. Una luz blanca revoleaba en su derredor. No lloraba, sus
ojos eclipsados absorbían de aquel haz luminoso como fuente de vida, de una
esperanza, de un sueño ya ido.
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