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El beso de las gaviotas viene a nosotros, nuestros
rostros se desvanecen del cansancio y la madrugada toma rumbo a los despertares
de este archipiélago. Hoy el clima, este microclima esparcido por la isla, nos
trae el resurgir del Teíde. Desde aquí, desde la orilla , separados por una
manta rizada de las olillas con su espuma blanca , nos hace verlo como si con un
dedo pudiéramos rozarlo. Y lo rozamos, así, con nuestros deseos, con esa
ensoñación desde la ínsula vecina. Cuando la marea nos lleve, esperamos a que
la total claridad de esta nueva jornada nos lleve a nuestro lugar, un sitio
donde las horas, los minutos, los segundo pasaran en el vacío de nuestras
maridas. El beso de las gaviotas, fielmente nos fijamos en su vuelo a ras de
esta playa en medio de una urbe que condiciona nuestra forma de ser. Y ahora es
el tiempo de partir, de alejarnos después de esta purificación quitándonos de
todo mal en este jardín de una mar que nos despide. Flores nuevas conoceremos e
intentaremos no cortarlas para anunciar nuestro éxito, nuestras emociones. Las
dejaremos en su lugar particular, que es un lugar donde deben estar, sin lastimarlas.
Ahora, amigo, te vás. Ahora, amiga, te vás. Ahora, nuestra memoria será esa
marea que nos llevará cuando el final de nuestras vidas cruce la desidia. Pero
olvidémonos de ello querido amigo, ahora continuemos donde el sol tras esta
llovizna de primavera nos entrega a ser caminantes en la búsqueda de nosotros
mismos, de esas canciones de alguna arboleda perdida en algún parque. El tiempo…el
tiempo amigo, se nos va. Un tiempo inexistente en este espacio que hemos creado
los seres vivos. Tal vez no nos veamos más pero esa no es nuestra condición, esperamos
a las mareas nos llegue con un mensaje que nuestros sueños terminaron y permanecerán
esta atmosfera como sueño de un puede ser y fue o quizás no fue. Nos iremos cuando las mareas nos lleven, qué
bien suena. Mientras seremos pisadas de esta brisa que nos acoge con sus
sorpresas e infortunios. Ya está subiendo, nos levantamos. Uhm , te miro. Uhm , me miras. Un deje de tristeza
se cuelga de tu garganta , de mi garganta y este encuentro lo consideramos como
algo perpetuo a nuestra memoria en el suceso de los días. No hay manzanas
podridas en nuestros corazones, los latidos son calmos y saldremos otra vez
cuando me llames, cuando te llame. Y nos sentaremos aquí, en el mismo lugar
embelesados en el trajinar de las olas hasta que nos lleve la marea.

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