domingo, junio 28, 2026

CUANDO NOS LLEVE LA MAREA (NARRATIVA)15

 

15

Un jarrón con flores amargas, marchitas. Aquí, ahora con mis piernas extendidas en este sofa. El ronroneo de las olas. Pongo mis ojos en la ventana desviándolo de ese piano que me nutre de paz. El viento pellizca contra los cristales, me levanto. En esta verticalidad mía me dirijo hacia ella, la abro. Dejo que el viento me robe todo mi pasado, toda esa memoria donde los errores, donde la cobardía, donde el malestar entonaba mis vivencias. No sé porque vienen a mi, aquí en esta soledad adquirida en los tropiezos, en los baches, en los agujeros que desarma mi conciencia. Aquí, bajo este techo nadie me puede dañar y soy yo, solo yo y el piano y estas almas caídas que me susurran como un halito de ánimo. Profundamente respiro, miro el océano mientras una melodía se entrega en un silbido, mientras la música cobra cuerpo. Cuando nos lleve la marea. Sí, he sufrido. Pero ello ya es agua pasada. No quita en que el hoy sea serenidad conformada por las alas de la libertad. Sí, la libertad. Antes no encontraba ese hueco donde me pudiera entregar con los brazos abiertos para el abrazo. Ahora, abrazo este retiro mío en esta casa. Aquí soy yo. Yo y mis manías, mis costumbres. El jarrón no luce, no tiene agua, pero no quitaré estás flores amargas, marchitas somo símbolo de lo que se fue, de lo que paso. El ronroneo de las olas. Cuando nos lleve la marea. A veces la extrañeza se plasma en mis manos, ausentes de un beso, de una caricia pero luego crezco donde mi conciencia es como árbol raro cuyas raíces se mantienen la profundidad de las entrañas de mis sentidos. Cuando nos lleve la marea. …sí, cuando nos lleve la marea seremos ese arco de colores donde el brío de una canción callada y eterna porque la música es eterna. Y qué será de todo lo mío, aquí quedará , aquí ardera en las hogueras del olvido, en la insonoridad de los días. Yo no más seré un vago recuerdo en alguien que me nombrará y nombrará hasta que su sed sea finiquitada por la desmemoria. Pero volveré. Me entregare a otro cuerpo , a otra persona donde sus espaldas pesadas nacerán mi ser como un olvido, como una cualidad en la manera de tomar la existencia. Cuando nos lleve la marea, luces brillantes de forma redonda llena este salón donde estoy. Dejo ese jarrón de flores amargas, marchitas. Dejo que el viento invada toda esta sala y el olor algas y caracolas impregne sus paredes. Vuelvo al piano, balada para las batallas perdidas. Sí, somos batallas perdidas de generación a generación donde aprendemos, donde desaprendemos con un mismo infortunio. Cuando nos lleve la marea, mis dedos huesudos se equilibran sobre las teclas, cierro los ojos y me dejo llevar por el viento…el viento, por esas almas que habitan mi casa. Una cuestión insospechada me viene, ¿quienes son? Sin embargo, no me anuncia miedo, es como una entrega de mis vidas a través del tiempo.


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