domingo, junio 21, 2026

CUANDO NOS LLEVE LA MAREA(NARRATIVA)12

 





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Sí, el viento hace hincapié en nuestro consentimiento a interrogar nuestro yo. Un yo enigmático , contagiado de la desobediencia a las pautas del día a día. Mi yo y yo…yo y mi yo. Emergemos como cuarto donde se esconde todas nuestras tristezas, todas nuestras alegrías, todas nuestras opiniones, todas nuestras ideas. Y esto yo agarrado a mi sale de mis adentros y con ayuda del viento , el viento , en este parque donde me siento ensimismada en su ayer me reproduce fotogramas de esa vida ausente ya. Aquí, sentada con mis ojos apoyados a una palmera recojo una muerte, una desesperanza atribuida a la inquisición. Una transgresión que nos lleva a siglos atrás…una celda, una mujer deshereda de esta isla. Lleva meses presa entre la suciedad y la miseria, acusada de actos de magia negra. Ella, una mujer, una partera-sanadora que vivía de sus servicios con las gentes de este pueblo. Un gallo canta, es el alba, una mañana sombría y gris se ensancha en su desgana, en su herida, en su maltrato, en esas vejaciones, en esas torturas hasta que invoque como si fuera verdad que es hija del diablo. Y esa mujer , en un carro llevado por un asno se acerca a este parque….esta plaza donde ahora se respira un viento efímero. Gritos de odio y violencia se envuelve en el ambiente . Unos gritos que la llevara hasta su muerte prematura. Ella una mujer que nació libre en auxilio de aquellos que creían en ella y de esos , un traidor, varios traidores. La tortura te hace expresar mentiras, los extremidades del dolor son tan virulentas, tan desagradables, tan cruel que dices lo que quieren escuchar. Así, esa mujer en un carro arrastrado por un asno llega a la plaza. El genterío no es normal, demasiadas y entre esas demasiadas algunos de los que ayudó, de los que curo con sus hierbas y rezos. El viento, el viento….cuando nos lleve la marea, no sé porque esta vaga historia se adhiere a mí. Somos humanos, humanos que atraemos a otras masas humanas para culpar la inocencia cuando algo superior lo señale. Sin saber del daño a esa persona. El viento, el viento…yo sentada en esta plaza con mis ojos puestos en el balancear de una palmera. Y esa mujer tuvo sus sueños, quizás de hijos que no pudo tener, quizás de hacer un bien faltando a las normas de una sociedad mediocre, de hambruna. La veo, con sus vestimentas rasgadas, con la suciedad de su cuerpo…ese cuerpo que es de ella y no más que será un reflejo de una comunidad reprimida, opresora, contrariada, ocultando sus mas feroces y más violentos colmillos. El viento, el viento…cuando nos lleve la marea. Si tenemos que empezar por amarnos a nosotros mismo, a este cuerpo que nos ha entregado el planeta tierra. El viento….el viento, aquí en esta plaza del siglo XVI, yo, oculta con mi ropa. Tenemos que aprender, sí, leer todo aquello que ha sido terror en este mundo, todo genocidio que aun existe que se ha desarrollado en el curso de los siglos y los siglos d.c.  Miro la bóveda celeste , ese inmenso azul , tan equilibrado debido a la luz del sol cuando choca con partículas de esta atmósfera, maravilloso. Aquí, planeta tierra, en medio de la nada hay una vida peculiar. Una vida sostenida por nuestra condición de tener movimiento, de este respirar que lo hace posible. Cuando nos lleve la marea, la bajan del carro y escoltada la llevan al centro de la plaza. Se lee un manifiesto mientras el párroco columpia el incensario al toque de una campana. Todo es silencio, expectación y para algunos donde la mirada se pierde en el suelo de lodo dolor. El viento, el viento…cuando la marea nos lleve, algún día lejos….muy lejos. Ella cierra los ojos, sus parpados caen en la verticalidad de su dignidad…porque ella es digna aunque la pisoteen , aunque le arrebaten el aliento. Sí, somos dignas, la violencia desatada por una un ambiente patriarcal se mezcla con una religión que se ha posicionado como origen de conflictos, hoy en día también. Y ese Díos y da igual al segmento que unas gentes que lo haya fabricado lo toman como dictamen arrebatada, abominable, absurda de las directrices que marca el mundo. Cuando nos lleve la marea, el viento…el viento, sopla violento el viento ella, sentada, el verdugo comienza…el verdugo termina, un hilillo de sangre mana por su boca y todo es callar. Todo ha terminado. La plaza se queda sola. únicamente ella mujer sacrificada en nombre de Cristo.

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