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Cuando nos lleve la marea…sí, estaremos juntos en el
amanecer de la alegría, de una tristeza fabricada con pedacitos de nuestro ayer
marchito pero siempre….siempre para adelante. La quietud ante el piano…ante
este instrumento donde se refleja mi alma, se alinea con esta jornada de una
mañana junio donde los pájaros cantan. El viento…el viento…esta brisa fuerte me
hace confluir en esta isla tan aislada y al mismo tiempo tan multicultural
donde todo se equilibra en una paz de los que la habitamos. Miro ese retrato
vacío, quiero borrar todo recuerdo donde me lleve la añoranza, donde me lleve
una lágrima. No quiero esta pena que pena sobre mis manos cuando minuciosamente
es caricia de cada tecla. Pero es imposible, algo me atrae y zas ….una chispa
electrizante roza mi nuca otra vez. Con la calma de los días me giro de nuevo,
veo sombras, veo en la oscuridad de este salón luces esféricas de distintas
gamas. Y no las temo….no hay pánico, serán mis seres queridos que se han
marchado de este mundo terráqueo donde nuestras raíces esta arraigada al
magnetismo del centro de este planeta. Y sueño con mis ojos abiertos, imagino a
un padre, a una madre, a un tío, a una abuela…etc, que me abraza en medio de
esta nada que me conquista hasta susurrar mis sentidos. La placidez penetra en
mis arterias y toco y toco incansablemente hasta pasado unos minutos , media
hora quizás donde yo y el piano somos uno. Amante mío seremos auge de esta
composición que estalla en mi pecho, en mi corazón. La música, arte universal
del todo. Sí, del todo , desde los antiguos, desde nuestros antepasados en los milenios de los milenios a interpretado
algún sonido llamando a la fertilidad, a la lluvia de sus tierras o como
sacramento a la pureza, el peine de la niñez al paso de hombre y mujeres, a
cualquier rito ancestral que emotive alguna aldea, algún poblado. Y yo aquí
esperando , cuando nos lleve la marea, un tiempo que no pasa. Escucho ruidos en
la casa, son las sombras de mi ayer, un ayer cercano a la muerte. Hasta donde
llega mi memoria , mi juventud fue una juventud muerta. La sobriedad, mi forma
de pensar aislado a todo lo que razonaban los demás de todo mi derredor me dejo en la soledad. Y
este desierto me construyó , yo y la música…la música y yo . …..Pero aun así
tenía sueños, si soñaba con un mañana donde el lamento de esa etapa fuera
metamorfosis de la alegría. Y, ahora…sí, el ahora, frente a mi piano soy manantial
del que emana la aceptación, este yo compuesto de una negativa al regreso y la
confirmación del que estoy aquí, ahora frente a un piano respirando, emanando
todo aquello que se fue y no volverá.
Cuando nos lleve la marea… uhm….después de los naufragios viene la luz. Los
borbotones de las luces de todas las gamas me rodean, me detengo y zas.se
extingue. Vuelvo a mi piano , intento inspirarme y la inspiración es un puente
blanco donde hay que empezar a caminar como si naciéramos otra vez para ser
influenciados por la nada. Cuando nos lleve la marea. Un piano. Esta soledad
mía tan querida, con resignación me levanto, voy al sofá y me acuesto
extendiendo mis piernas. Sí, cuando nos lleve la marea, seremos un aliento,
seremos un brío, seremos un beso ya perdido. Y me digo, esperare. Sí, resistir
hasta la condición de este diminuto planeta mejore, batallas idas, luchas
inservibles y lo más que traiciona lo absurdo del ser humano que se sienta en
el poder moviendo piezas como si fuéramos títeres no pensantes. El piano. Las
sombras. Cuando nos lleve la marea. …
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