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Cuando nos lleve la marea, aunque no sepamos de ese
tiempo, de esa estación. El viento insolente, el viento reparador, el viento de
los gritos del silencio, el viento de las sombras anunciando la nada y este
parque…Sí, este parque donde con el coraje de continuar en esta vida única, exclusiva,
elegida por el universo para mi…para nosotros, aquí sigo, sentada. Dejo que se disemine
la extensión de esta plaza donde las palomas concurre al encuentro de algún alimento,
donde los naúfragos de los sentidos se dejan ver con el más absoluto abandono.
Y uno de ellos se aproxima a mí, por su abultado vientre puedo saber que es una
chica. Mientras sus pisadas la atraen hasta mi analizo la situación. Imagino un
rincón de la isla, una casa hogar, una acogida y después una despedida al
cumplir la mayoría de edad. Sin trabajo, sin nadie, sin dinero. Se puede decir
que por su apariencia dibuja la droga. Esa droga que la capturado en una cárcel
de serpientes venenosas, atrayentes sin salida. Me desarme, me encara un malestar,
una cierta incomodidad que me ajusta a un dolor, a una pena, a una lástima. Si,
siento lástima por ella. Si, ella, y es guapa, tiene ese temple de restos de
una belleza robada, destrozada en el ayer y que en este hoy l envuelve en una
ceguera eterna, la entrega a una inconsciencia de que lo que lleva su vientre
no lo verá, no conocerá a su hijo, a su hija. Será como ella, lo llevarán a una
casa acogida y cualquiera sabe de su destino. No concluyo que su destino sea nefasto,
pero no es el más idóneo para el crecimiento de un niño. Si, siento lástima por
ese niño lo veo correr por las calles desatando toda su inocencia a ras de
cometas blancas. Hace un amago de aproximarse a mi y no lo hace. Fijo mis ojos
en sus ojos, en su cara sucia y la impotencia de hacer algo que sería como no
hacer me estrangula, suave, paulatinamente hasta que condeno los ritmos sordos,
invidentes de esta sociedad. Dejada en la techumbre de un cielo que calla y
calla. Cuando nos lleve la marea, aunque no sepamos el tiempo. No hace falta
saber. Somos polvo de estrellas, cada molécula, cada gota de sangre, de sudor ,
cada parte de nosotros esta compuesta por lo que es el universo, somos restos
de él. Restos que han logrado el conocimiento, la razón…la vida. Se marcha con
su vientre abultado ¿A dónde vas pobre muchacha? Me digo para mis adentros y
saboreo un reflujo de incomodidad ¿A dónde vas pobre muchacha? Ay triste de ti…ay
triste de mí. Ella a lo mejor no se da cuenta de su estado, de su situación es
como una desheredada consciente de lo que pudo ser su vida. No ya opción, sino
el vivir por el vivir. Su vientre abultado, sus ojos claros, el lamento…la nada
¿A dónde vas pobre muchacha? Cuando nos lleve la marea. Las estaciones pasan y
yo en este parque con el viento , el viento pellizcando sutilmente mi rostro ,
su rostro. Y las palomas se alzan, vuelan y vuelan hasta lo más alto de la
catedral acechadas por unos majestuosos canes. Hemos nacido de una contracción
del cosmos que luego lo llevo a una explosión y a su expansión. Cuando nos
lleve la marea, nos llevará a todos, solo somos un pequeño instante de tiempo
inexistente en lo dimensional del cosmos. Y el viento…el viento continua en
esta mañana de junio ¿A dónde vas pobre muchacha? Lágrimas acarician tu estómago,
tu ombligo jardines de lores marchitas te hacen ausente…muerte y vida juegan con tu
cuerpo , con tus sueños que ya no son sueños sino un embeleso constante y
longevo hasta el final. Cuando nos lleve la marea.
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