domingo, junio 14, 2026

CUANDO LA MAREA NOS LLEVE (NARRATIVA) 10

 




 

10

Atravieso la ciudad con un paso cuidadoso, con una calma desobediente al viento que comienza. Una ráfaga de alientos viene a mi como una historia particular de esta tierra. Una entre miles de gentes de todas características, de todas personalidades, de toda ideología se entremezcla aquí con estado heterogéneo que del caos nos llevan al equilibrio. Somos como esas galaxias que ha medida que nos alejamos nuestra velocidad aumenta, nuestras quimeras se transforman en la ausencia del otro. Si, somo como esa Ley de Hubble. Nos entregamos a ese quehacer de nuestras vidas mientras el viento arremete con mayor energía. Me despeina, me abofetea hasta que despierto y en lo global soy visión de un mundo emancipándose de sus criaturas, de sus humanos para el renacer otro mundo, que es el mismo, pero no será igual, caerá en mismo fatídico error. Las calles están cerradas. En la isla, la visita Papal. No soy creyente, pero, en algunas palabras me convence, la igualdad de derechos. Tenemos por costumbre menospreciar a nuestros iguales, porque somos iguales nacidos de las mismas raíces, de la misma composición. Somos esa reliquia de un polvo de estrellas de hace millones de años. No llego, pero me imagino la evolución que ha transformado este planeta. Y lo más importante estamos aquí, con este viendo, protegidos por una atmósfera que nos hace únicos en lo poquito de sabemos del cosmos. El viento…el viento, dejo que su danza feroz me envuelva en cavilaciones. Pensar y pensar…sí , tenemos que pensar, ser críticos de donde habitamos y la soledad que impera más allá de nuestros descubrimientos del universo. Estamos o no solos, un cosmos no definido que se contrae, que se expande de la nada para la creación de indeterminados mundos con peculiaridades dispares. Aquí, el viento, ahí el sol de esta mañana de junio , la ciudad quieta esperando cuando nos lleve la marea. Y qué sabe nadie de la sonoridad del viento, viene como llevándose cualquier mal recuerdo. Llego a una plaza, una plaza donde los juegos se han parado. Todo estático, todo callado, regresa la confusión. Me hace memoria de otras historias, de un pasado donde todo se relamía en la miseria después de la guerra civil. Y sabrán nuestros muchachos de la guerra civil. Y sabrán nuestros muchachos de que hubo dictador, de las matanzas, del estrangulamiento de una sociedad bajo las navajas en garganta de quien penaba por una libertad prohibida, de una censura que nos autodestruía, nos hacia bailar en los fuegos del calvario. Cuando la marea nos lleve. El tirano ha perdido lo maldito con su muerte pero en el presente hay una regresión, hay una vuelta debido a influencias de palabras incorrecta atentando con la libertad, con la esperanza, con la paz. Y a lo mejor ellos lo viven en sus carnes y una cierta contradicción los llena de nauseas que conspiran contra ellos mismo. Es como un autocastigo provocando en la incomprensión de las gentes un odio que no más divide una paz hacia la caída, hacia la ruptura. Cuando la marea nos lleve, el viento sopla con fuerza yo, despeinada , prieta en mis ideas. Hace unas horas en esa playa en la monotonía de una mara que sube y baja…que baja y sube. Pero ahora, sola, aislada con mis pensamientos con la calma desobediente al viento me siento aquí, en esta plaza deshabitada. Respiro, abrazo está tranquilidad que puede desarmarse en cuestión de minutos, de horas cuando el presente ya es pasado. Cuando la marea nos lleve, el cielo luce su celeste más impoluto y los pájaros besan al viento…al viento. 

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