miércoles, junio 17, 2026

CUANDO NOS LLEVE LA MAREA(NARRATIVA)11

 


11

Despierto en medio de la mañana, solo han pasado unas horas, unos minutos y me reencuentro conmigo. Con este yo sombrío como escaparate para otros. Sí, esos otros que andan reducidos en un hábitat donde todo se reproduce de igual manera. La originalidad se ha ido, no sé dónde…lejos, muy lejos donde el miramiento del hoy no te destartale de tus cimientos. Porque esos pilares enterrados en un subsuelo que nadie ve aun siguen vivos, aun siguen emergiendo cuando bajo tu techo, bajo la amistad abraza sutilmente la intimidad, esa reconditez de nuestra belleza, de nuestra opinión sobre cualquier tema, cualquier color de este mundo. Eso sí, todos vamos cambiando, no soy la misma persona del ayer, de un pasado que se envuelve en cenizas en la memoria y cuando la marea nos lleve todo quedará en el olvido. Yo en mi sofá, miro mi piano, encima un portarretrato en que la nada es su foto. Las imágenes subexisten en mi corazón, en este cerebro mío que se va modificando con el paso de los años. No , no tengo ninguna imagen, mis seres queridos suelo recuperarlo por su olor peculiar. …Uhm, esos aromas, vienen a mí con un poco de felicidad. Buenos recuerdos, a ellos nos tenemos que amarrar para que el paso del tiempo nos de la libertad necesaria de continuar. Estoy apuntando mi futuro en mi memoria, esta memoria que no se cansa. Un recorrido por un ayer donde he sido sonido de flautas en la hegemonía de mis ideas. Y , ahora, la soledad imperante en mi necesidad me da la suficiente independencia para crear este mundo entre estas paredes que se entorna en mí. En este aislamiento deseado he fabricado mis pisadas, mi hoy. Cuando nos lleve la marea…sí, será como baile donde las pardelas entonarán su llanto peculiar, exótico, estridente y los cetáceos también entonarán su llanto de cementerios donde los cipreses abanderaran la ida Uhm, sí, no queda otra, algún día me iré. Me reincorporo, voy hacia el piano ese amante perfecto, bello, maravilloso que achica mis lamentos, mis temores. Ahí soy yo, un yo que veces por dejadez o por erradicar la realidad no se mira frente a un espejo…un espejo donde se refleja la sequía resquebrajando mi solidez. Me siento ante él y siento que algo roza mi nuca. Paso la palma de mi mano y un calor extraño como si transmitiera un poco corriente me la aparta. Me yergo, miro detrás de mi . Y no sé porque parece que una sombra haya pasado ante mí. Y no sé porqué no tengo miedo, el recelo no me viene. Me vuelvo, me siento otra vez ante el piano, lo abro. Sus teclas blancas y negras me dicen del juego de mis dedos al entonar una melodía de mis adentros, de este interior somnoliento en la quietud. La quietud de mi alma. La quietud de las horas que parecen morir como cuando nos lleve la marea. Emito un silbo y me apoyo en las teclas, una pena resonante raja mi garganta ante una tristeza contenida. Y otra vez ese calor en la nuca, y otra vez esa sombra negra colándose por mi casa con una celeridad trepidante tanto, que no la puedo cazar con mis ojos. Y otra vez me levanto, pero dudo y me siento, entono esa pieza que está en mi silbo. Cuando nos lleve la marea, edifico cada pedazo de esta composición como hija de las mareas, de ese viento que estalla en esta jornada presente.  Su susurro golpea contra las ventanas…cuando nos lleve la marea un tono melancólico ambienta este salón donde todo mi yo emerge en un querido equilibrio. Pacíficas notas y yo ante un escenario donde las butacas de la sala están vacías. El piano y mis manos y mi corazón se dejan ir hasta el culminar de la jornada.

 

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