martes, noviembre 13, 2018

El pajarillo


 Y el pajarillo se zambullía eufórico hasta su presa. Y el pajarillo azul, verde se sumergía en las profundidades de su existencia. Y el pajarillo, cuando la jornada se elevaba iba a su encuentro. Al encuentro de un gran pez. Sí, grande. Tanto…que era grato el atrevimiento de planear por esas lagunas. Y el pajarillo inquieto, con el cosquilleo del hambre iba hasta allí. Lo vigilaba de las alturas hasta el instante oportuno. El pajarillo azul, verde quería su pez grande. Y el pajarillo lo llevo a la orilla de aquel lugar solitario y comenzó a picotearlo. Dubitativo se detuvo, correteo y se lanzó al aire que aguantaba su escaso peso. Y el pajarillo se fue alegre, vivaracho para  posarse en una rama. Sí, grande. Tanto…que un desfile de hormigas pasaba ante él. Y el pajarillo azul, verde descanso en el embeleso de las sombras de aquel árbol. Y el pajarillo, libre, alzó su vuelo. Se fue lejos, muy lejos, donde todo cambia al ritmo del tic-tac interno. Y el pajarillo mientras avanzaba sintió que su vientre se movía. Y el pajarillo supo lo que pasaba y construyó un nido. Y el pajarillo azul, verde puso sus huevos y en el transcurso de los días brotaron pajarillos- pez. Y el pajarillo sorprendido se preguntaba que harían ¿ podrían volar? Y el pajarillo no sabe cómo pero les enseño en el sueño de una bóveda celeste.  Y el pajarillo como sabía que pertenecían a dos vidas en paralelo y vertical los enseñó a bucear. Y el pajarillo cuando se despidieron con el arte de la supervivencia y la existencia se fue. Se fue lejos, muy lejos….


viernes, noviembre 09, 2018

Mis manos...


Mis manos, las examino, las observo. Secuelas de las vivencias que transcurren en el paso de los otoños. Mis manos, caricia entre ellas convergiendo en el sabor de los sentidos. Mis manos, aquí están. Yo también estoy aquí respirando de la brisa temprana cuando los pajarillos de diversas tonalidades alcanzan mi balcón. Mis manos, elocuentes en el vagar en las profundidades marinas en busca de caracolas para enviar mensajes subterráneos en el misterio que mueve el alma. Mis manos, abrazadas a la vez que sus andanzas se vierten en dejadez. Mis manos, planicie donde el revolotear de las palabras se consumen en la nada. Mis manos, avanzan sembradas de monólogos vacíos. Mis manos, en alto, asumen la huída en el oleaje agresivo del silencio, de la sombra que las seduce con su arrugada música. Mis manos…



miércoles, noviembre 07, 2018

Gotas



Gotas
Suculentos alientos
Evaporados en el vertiginoso callar.
Cuerpos arrastrados al alba
Con notas de esperanza.
Una lágrima,
Desangrar de los acantilados
En los violentos oleajes.
Pasos
Asimilados en el vacío,
En la oquedad de la voz dormida.

martes, noviembre 06, 2018

CAÍA LA TARDE


 Caía la tarde, el con su paseo diario cuando el sol desaparecía en el horizonte. En el día de hoy le apetecía arrimarse a la playa, ya , a esas horas, la nada la rondaría. Quería sentir el aliento de la soledad, el aliento de la brisa marina en su rostro. Sus pisadas se reflejaban en la huella que dejaba después de que las olillas la lamieran. Ese día, un otoño encendido en el fresco se sentía extraño, en su imagen se dibujaba el encuentro de algo. Tenía ese tipo de presentimiento que no obedecemos en el ritmo de los días de hallarse con alguien flotando en el sereno océano. Una imagen fugaz y vertiginosa que se disipó mientras caminaba, mientras le acusaba el olvido. Se detuvo, miró el horizonte y un enrojecimiento de su tez lo hizo caer en el recuerdo, un cuerpo flotante en la inmensidad del mar. Un cuerpo en columpiar de la marea.  No lo pensó, se quito la camisa y fue a por él. Casi inmóvil, casi muerto,  lo trajo hasta la orilla. Le hizo la maniobra del boca a boca hasta que este fue tomando conciencia. Lo cogió entre sus brazos y lo apretó contra su pecho abrigándolo con su camisa ¿Qué haría con él? Por sus rasgos no era u niño de ese lugar. Por su cabeza paso lo que tenía que pasar ¿Y si avisaba a la policía? Se lo llevarían al hospital pero luego dejado al aire en un centro de menores, una cárcel disimulada para los que vienen de lejos , muy lejos…El se rompió , no sabía por qué lloraba…sería por ese niño frágil, muy frágil. Por qué sabía lo que sería su mañana cuando su entereza lo cubriera, se vería con otros chicos maliciosos tal vez. No…no sé cómo explicar. Que lo conducirían a la caída. Desconfiado y meticuloso de que alguien lo viera se lo llevó bajo su techo. Lo acostó en su cama y lo tapó para que ese cuerpo cogiera calor. Sus sienes parecían estallar ¿ qué hacer? Esperaría a que el chico se recuperara y después conversaría con él. Llamaría a sus amigos más próximos y les contaría. Una cierta lastima desquiciaba su corazón, lágrimas impotentes esparcidas por el pasillos y un grito mantenido ante el horror humano. Solo es un niño, solo es un niño…se repetía mientras penaba. La noche ya era prieta, el niño dormía y el cavilaba en su dolor. Una especie de cariño lo acercaba a esa pobre criatura nacida en las tierras del mal, emergidas en las mareas de los huesos. Indeciso pensó que lo mejor sería mejor que se quedará con el todavía. Sí, todavía hasta que la realidad los encharcara con barrotes de hiel. Se asomó en el balcón un cielo apagado de estrellas ante la luminosidad de las calles lo paralelizaban. Y el dolor se hacía más profundo a medida que las horas pasaban. Tendría que comunicarse con él ¿Hablaría su idioma? Lo más seguro que no. Hizo otra llamada a un centro seguro dedicado a la defensa de la emigración y el refugiado. Una idea se apilaba en su cabeza, tal vez, saldría bien. Se recostó en el sofá de su salón en el callar de la noche ¿qué sería de su familia?, se preguntaba. Ahogados en el hambriento mar. Tac, Tac…su corazón parecía salir de su pecho. Respiró hondo, muy hondo y se dejo dormir para que el mañana fuera lo qué fuera. Al menos el niño está vivo y una paz lo cubrió en las horas de la oscuridad, y un callar lo cubrió en un sosiego que lo miraba en sus sueños.

sábado, noviembre 03, 2018

NOVIEMBRE


He buscado en los sentidos verticales de la existencia y todo se derrama en aberraciones a la madre naturaleza. Sin embargo, le suplico con el vientre abierto dame aliento para mirar los cernícalos pasar. El canto se apaga en esta esfera plagada de enfermas cavilaciones conducidas por lo horroroso. Sin embargo, la belleza atiende a veces a mis oraciones al universo que nos rodea. Un universo de dioses, donde las manos agitadas por las hogueras del mal ensucian su propia tierra, su propio mar. Me doy cuenta de lo inhumano de esta esfera donde el girar y girar vertiginoso de riscos nos llevan un abismo inconcreto, sin entendimiento para muchos. Sin embargo, busco. Busco en la  intemperie de esos campos de escarcha donde los ojos de muerte son venideros. Busco en el estómago rajado donde las moscas carcomen la entereza. Busco en los náufragos huidos de batallas inagotables. Sí, he buscado y no hallo la limpieza de las manos, solo, el silencio de los océanos mientras el dolor agita sus entrañas. He buscado el grito de la verdad, de la pureza de los corazones, de las ramas al viento y , solo, encuentro oscuridad.

jueves, noviembre 01, 2018

Secretos...


Secretos,
Ojos blancos
La muralla del cosmos
Vuelo de mariposa revoltoso
Tu llegada cercana
El descanso.

He dicho tantas cosas...


 He dicho tantas cosas que ya el suculento conversar con el viento entorpece mi garganta rota. Espero el amanecer, horizonte con la plenitud de aves marinas que se aproximan a la arena. Mis palabras se agitan y son vertebradas secuelas de un adiós, de un agotamiento recóndito donde las profundidades de un océano me recogen. He realizado tantas cosas que ya los ojos inconclusos sobre mesas blancas se adormecen en el temblor de una hoja otoñal. Y el viento viene y sigo tras de él, le hablo pero cansada abandono mis pensamientos y miro tras la ventana. El oleaje quiebra en un sollozo lejano, ausente. El vacío muestra una playa muda, pausada, con el aleteo sereno de su naturaleza. He vivido tantas cosas que ahora soy propuesta a la neutralidad de los sentidos. Y el viento viene, aquí está con su traje de hojarasca tirando y tirando de mi. Me retuerzo en su mirada blanca y renazco otra vez. Aquí estoy, lenta, invisible, desaparecida de las vertientes del norte.