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laguna198@hotmail.com
Lo escrito son ideas primigenias que después se han corregir y alterar.
No sé porqué, las miradas se cruzan en esa caricia de
puentes estrechos sin aire. Nos desnudamos y mudamos nuestra fuga lejos, donde
los párpados con velo eclosionan el rocío de los besos. No sé porqué un reloj
se estanca en su tic-tac y somos alas imperfectas del tacto atrapado en los
luceros del amor. El muelle cercano y no sé porqué damos un paseo, barcos
gigantesco que no sabemos a dónde van, de dónde viene pero qué más da, no
interesa. El calor aprieta y la danza de los transeúntes son posibles caras
conocidas, desconocidas manejadas por la rutina de la mañana. El mercadillo
deshabitado de flores, de aromas, de los olores de antaño solo un pan de leña,
un queso de la cumbre nos lleva hasta ellos. No sé porqué atendemos a nuestros
secretos, a nuestro ayer ¡Para qué¡me
digo, te dices y nos asalta la risa. No sé porqué, no comprendo, no comprendes
de lo complicado del aire que respiramos. No sé por qué nos abrazamos, no más.
No sabía por los astros seguían ahí, contemplándola,
lamiendo cada impulso de sus pensamientos. Ella, retorcida en el vientre de la
madre naturaleza. La amaba y su belleza perfecta contemplaba absorta a medida
que las horas se desvanecían. No sentía ganas de hablar, ni tan siquiera para
ella misma. Solo, el resonar del oleaje invitándola a ser parte de él. Su
atracción superaba cada nocturno sorprendiéndose con sus pies desnudos en la
orilla, en la oscuridad de noche sin luna. Solo, los astros seguían ahí, convencidos
de que ella los amaba. Se giraba en sí misma con la rutina del tiempo y el
cansancio no cesaba.
Astros:
Estamos aquí, en el todo del universo absorbiendo del aroma
de esa esfera llamada tierra. Tu estás ahí, callada, admirando nuestro brío en la
noche. En la noche cuando la luna sin palabras se aleja de tus ojos. Ojos
cenizos de alguna tristeza, de alguna pesadez.
Ella:
Si os miro cuando la luna no asalta en su lucidez. Mis penas
son monólogos de años que acompañan a mis manos, vacías, inertes, yermas. Por
ello, aquí estoy, mirando…mirando la chispa de vuestra calma antes las
turbulencias de los días.
Astros:
Es angustioso comovosotros, los llamados humanos, terráqueos os expandís en violentas, en
causas ajenas a la nobleza y a la paz. Nodecimos todos pero en cierto grado el poder maneja los hilos de ese
mundo hacia la condena de los espíritus libres, pacíficosen pozos oscuros ¿ Habrá o no habrá salida? Llevamos
aquí muchos soles y todo igual, la caída de la entereza de aquellos luchadores
de la paz.
Ella:
Yo soy yo. Y decido paz. Y decido libertad. No señaléis a
todos, al todo. Nos llevan por precipicios pero qué hacer en la inmensidad de
lo grotesco, de lo bestial, de lo desgarrador en lágrimas de impotencia. La
cura sería criarnos como amigos, uno y otro de la mano, sin la perspectiva del
color, de las ideologías, los pensamientos aferrados a lo nefasto.
Ballena:
Uhh. Uhhhh. Ven aquí mujer de las estrellas, nada con
nosotras en esta noche de entrega las estrellas del misterio. Aun queda cierto
retazo de benevolencia, de una belleza que será intocable a través de los años.
Astros:
Vete con ella. Ella que sabe de las canciones del amor, de
lo hermoso, del equilibrio, de la calma.Como mujer de los alientos positivos crecerás y te hallaras mejor.
Ella:
Sí, existe la solución
Eah, eah
Hechizo de ballenas.
Canto de astros.
La noche.
¡La noche¡
Cuando los sonidos del dolor duermen,
Cuando los pensamientos regresan
A nuestros sentidos.
Eah, Eah
Manoslanzando lo
sano,
El vuelo de palomas
En los balcones perdidos
En el adiós.
Y callaron, se recogieron cuando la aurora esboza su sonrisa
y las constelaciones descansan. Y callaron como esclavitud de las vivencias de
la nueva rutina de las horas hasta que el sol fuera invisible en sus ojos, en
sus sentimientos. Y callaron, ella, de retorno bajo su techo. Y se callaron, todo
comenzaba de nuevo, todo rotaba en torno en las hogueras de las horas. Y callaron, y vino la luz de la mañana, y vino el andar ciego de la ciudad.
Perdida en la plenitud de un boscaje con sombras de algunos
rayos solares intentando penetrarlo hasta su húmeda tierra. Distraída en la
belleza de esos instantes me arrime a un pequeño arroyuelo que todavía quedaba
de las lluvias. Bebí de él. Un sabor inexpresable, ininteligible para aquellos
que no se han arrodillado en la madre tierra, maltratada, asustada por la
multitud de escombros, sobre ella, arrimados. Pero allí la pureza de la laurisilva hacia un
hueco en el ayer, en un ayer de milenario. Yo, solitaria, me levante, extendí
mis brazos y tuve la visión de yeguas trotantes por las inmediaciones. Solas,
vírgenes de las ataduras. Sentía sus pisadas, me aproximé a ellas. En coro,
alrededor de una laguna danzaban a los relinchos de la libertad. En cierta
manera comprendía. En cierta manera entendía su estado. Despacito me fui desnudando.
Despacito me fui acercando. Despacito me entregue a esa manada de yeguas que
seguían en la rutina de la danza en derredor del lago. Las imité, me dejaron.
Cuando la tarde llegó, la oscuridad venía con su dejadez, con su emoción, con
su sudor. Ellas se retiraron, se fueron a no sé dónde. Yo me quede alrededor
del lago, seguía con aquella danza cautivadora, embriagadora del repaso de mi
existencia. En el centro del lago de repente una llama se alzó, una llama que
iluminó todo mi cuerpo, todos mis sentidos. Y comprendí, comprendo la dicha de
la libertad por unos momentos que serán eviternos, comprendo la belleza de mis
manos que arrastrados cadenas a lo largo de los años. Ahora,entregada a mis criterios, al dulce aroma de
mis pasos, al emocionante ritmo de las horas.
El crepúsculo esboza cierta sonrisa que hace que los cuerpos
en vertical anden por la urbe. Cuerpos de miradas anónimas caminando a sus
destinos. Ella, se levanta e inmediatamente mira la cama que tiene al lado.
Ahí, su niña. Su niña pequeña. Le besa la frente con todo su cariño, con todo
su amor. Busca el resto de un ayer, un ayer en la que no existió. Ella y su
niña, su niña estática, inmóvil en el tiempo. El verano daba a su fin, un sudor
palpitante se pegaba a sus espaldas y ella y su niña quieta. La coge en sus
brazos y se pone ante la ventana. Le enseña donde vive. Para que no pierdas mi
amor, le dice. Le habla de la vida con un monólogo que sobrepasa el vertiginoso
pasadizo de la nada. Sí, la nada, de ella. Simplemente le narra historia tras
historia detrás de aquellas paredes. La niña ni se inmuta. Ella al principio
pena pero luego toma aire y en su lenta respiración sigue contando. Acuérdate
hija de todo lo que cuento, este aire que respiramos puede ser bueno en primera
presencia pero luego…luego los monstruos de la oscuridad saciarán tu verdad con
velos de púas. Acuérdate hija de ser estudiosa, lectora de múltiples maneras ,
ello, te dará el suficiente conocimiento para abrirte a este extraño mundo. Y
así seguía a lo largo de la jornada, hasta que los luceros del nocturno
avanzaban para mecer la luna, la luna blanca, hermosa. Ella cogía a su niña y
la posaba sobre la cama y la observaba, inamovible, de movimientos paralizados.
Su memoria se retorcía de impotencia, sus sentidos se desvanecían en incomprensión.
Aun así, era su niña, su niña muerta, su niña muñeca.
No. Es mejor quedarnos aquí a la intemperie perdida en el
ciclo de las horas, de los momentos con el brío apagado de las olas…olas.
Sigamos.
No. Es mejor estar unidas en la inmensidad de los astros, de
un universo hechicero de nuestro estático pero vertical correr de las
acaricias.
Sigamos.
No. Es mejor estar perdidas ante tanta polución, ante tanta
lengua de alfileres en su aburrimiento, en su inutilidad.
Te escucho. Pertenecemos a un mundo aparte donde los
recuerdos nos reconforta de cuando éramos más jóvenes, más vitales y corríamos
contracorriente. Te entiendo, cansada, neutra, con la levedad del aroma de la
mar prefieres estar aquí…a solas, conmigo contemplando el concurrir de las
jornadas. Es nuestra huída particular o no. Te confirmo que estoy de acuerdo contigo,
aquí quietas, dejando pasar horas, los astros, la polución.
Sí. Confinadas al espacio de nuestros latidos lumbre de
nuestros besos, de nuestras palabras hasta el fin...y qué fin , me pregunto. Lo
eviterno se vuelve estallido de un resplandor cuando en la vida acordamos,
somos cómplices del tiempo.
Te escucho. Parece que llueve, nuestras ropas no sirven de
nada. Mira, mira allá lo lejos, son ballenas en la despedida de la tarde, en la
bienvenida de la noche, en la libertad de sus cantos bajo un océano sibilino.
Si. Nos entregaremos como agua que somos al mar, nadaremos y
bucearemos junto a ellas. Vamos.
Te escucho. Pero aún es temprano, una idea precoz que hace
caer en la desesperanza del mañana, del jaleo de despertares esbozados en una
sonrisa. No, todavía no, los dejaremos a su ritmo, nosotras tomaremos el
aliento de la vida. De esta vida muerta.
Un gato maúlla. Un perro ladra. Pardelas lanzando el quejido
de la humanidad cuando el nocturno penetra en las rocas de las olas rompientes.
Se escucha un tiro. Cristales rotos. La distorsión de una sociedad que se
vuelve vulnerable.
Vámonos. En la huída está nuestro renacer en el equilibrio.
Esta atmósfera está viciada de sangre, de ojos blancos, de corazones
estrangulados.
Si ¿habrán niños? ¿Habrá mujeres? ¿Habrá hombres? Nacidos
con el tamborque decapita todos los
sueños. Nacidos con los cuchillos que raja sus pasos a lo largo de la
existencia. No sé lo que siento, estoy cansada…da asco esos que se esconde
detrás de sus escudos de minas. La gangrena arremete contra las ciudades en la
miseria,en la muerte, en el más
absoluto silencio.
Vámonos. La tormenta está cerca, muy cerca. Una tormenta
donde la nada nos rodeara y seremos vacío. Solo vacío. Aún no quiero despedirme
de ti. Aún tenemos que cabalgar mansamente por las praderas de verdes hierbas y
subir a la cima más alta para gritar libertad, esperanza. Todo ha terminado.
Si. Me elevo y solo veo llantos desgarradores y solo veo
sangre y más sangre ¿ Para qué continuar? No merece la pena. Todo tiene que
cambiar, dar un giro a la visión de los otros. Sí, los otros, los que con sus
combates y guerras exterminan los inocentes.
Vámonos. Ya es hora.
Sí. Ya es hora. Atravesaremos el espejo que nos refleja y en
su opacidad seremos ajenas a este turbulento designio de estas tierras pero,
estarán las murallas de fuego, de veneno, de elocuentes navajazos para quien
intente ¿Existen las fronteras? Solo en las miradas torpes, absurdas,
incoherentes
Un gato maúlla. Un perro ladra. Pardelas atravesando a
trompicones una frontera que a la luz de su sombra no existe. No. No existe. El
mar tan lejano, tan cercano. Ballenas lanzando gemidos cuando la luna se
evapora ante tanta y tanta penuria. Tal vez exista la magia, una magia que
lucubre sobre la existencia como benefactora del bien, de la paz. Mientras,
ellas, siguenoteando el horizonte donde
las ballenas lloran.