miércoles, junio 19, 2019

EN HORIZONTAL...


En horizontal, avistamiento de la reconditez de la luna blanca…muy blanca. Sinuosa embarco bajo las estelas de las sombras de un nocturno que se desdobla ante los espejos quebrados de las lágrimas. Emerjo en la duda y soy golondrina revoltosa en busca de la ventura de los ecos del silencio. Silencio. Sí, invertida con la condición llameante de mis emociones, de sensaciones que adulan al espíritu, libre…muy libre. La musicalidad de mis versos se pierde en las cuevas de una cumbre donde la luna blanca…muy blanca me ampara bajo su halo nítido de sensatez, de verticalidad. Y vuelo, vuelo en el vacío hasta ser tragada por los calmos oleajes de una marea cristalina, lúcida, secuencia de la existencia. Soy yo, en horizontal y una luna blanca…muy blanca.

sábado, junio 15, 2019

Miraba la luna....


Miraba la luna, mujer de incrédulos ojos a la par que su espíritu la envolvía en una danza a cada estrella fugaz esfumada. Miraba la luna, un juego atento donde los corazones rozan la armonía, la verticalidad de sus alas en el confín de un cosmos misterioso, sibilino, nostálgico. Miraba la luna en su cuerpo pequeño y alcance de cumbres donde el resonar de las aguilillas la emocionaban en la rotunda noche. Miraba la luna y una calma se apoderaba de sus pensamientos, caminando por parajes desconocidos de su conciencia. Miraba la luna y no dejaba de mirarla vertida en vagos recuerdos transportándola a una dimensión alejada de la realidad. Miraba la luna, el callar del nocturno la inducia a ser ella. Sí, ella, en su atmósfera acogida a la nada. Miraba la luna y no dejaba de mirarla, solo, sábanas blancas tendidas columpiándose con la brisa fresca, húmeda. Miraba la luna en todo su esplendor, en toda su belleza y su danza continuaba, seguía al ritmo de las horas lentas, de su soledad.

lunes, junio 10, 2019

Echadora de cartas...


Bochorno, ese es el hoy. Un presente enjaulada en la humedad y el calor, un calor que me hace andar despacio, con ralentizadas pisadas sobre un asfalto que se derrite.  Mis huellas quedan plantadas y el eco del sol me hace sacar un pañuelo de mi bolso para pasármelo por la frente. En la esquina, la anciana de las cartas, de seguro que me apresará e intentará adivinar mi destino mientras yo la dejo vagar en su elocuencia.  Cuando acaba me tiende una rama de romero en las manos, en tus ojos veo una luz, una claridad que será peso de tus singladuras. Eso me dice y yo me conformo, afronto sus palabras en un reto de incredulidad y a la vez de dudas concienzudas que se incrusta en mi mente.  Sino mi camino, lento con el bochorno impactando en mis carnes. Todo es pegajoso, hasta las sentencias efímeras de la anciana de las cartas. Miro para detrás, ya no está pero su  mirada clara persigue mis pensamientos.  La echadora de cartas se ha perdido en sus ojos hipnóticos, en sus manos arrugadas, en su frente señalada por un punto oscuro que la lleva donde nadie la descubra. No me pregunto más, me ha echado el destino, hoy, en mi andar despacio me ha capturada en sus redes de clarividencias.  Cuanto será verdad, cuanto será mentira. Una cierta brisa fresca viene hacía mi y todo se vuelve confuso ¡Su voz¡, eco meticuloso palpitando en mis sienes, en cada fotograma de mis pisadas de vuelta a casa. No, no me asusta pero su profundidad, su gravedad en el tono clava en mí  torrentes de duda. Emerjo en mi casa, abro la puerta, entro y me siento en el sillón del salón. Me descalzo, me desnudo y enciendo el ventilador, lo necesito. La anciana echadora de cartas me viene, me hechiza y yo asiento. La veo frente a mí, bajo un cuadro por no sé quien pintado y delante de mi aparato de música. Todo se hace extraño, yo desnuda, agotada, aquí agotada y la música comienza y la echadora de cartas juega con su baraja incendiaria pronosticando mí. Así la veo, es real ¡Tanto a influido sobre mi? Sí, pero no hay temor. La anciana echadora de cartas de ojos hipnóticos, de manos arrugadas, de su frente señalada se va…si se va en la espesura de una bruma de una atmósfera pesada, ciega. Yo desnuda, descalza, en el sillón, escuchando música o lo que yo considero música.

viernes, junio 07, 2019

OJOS CERRADOS








Ojos cerrados.
Conciencia despierta a los sentidos.
El descanso.
La rectitud de lo placentero
Anclado en flores del crepúsculo.
Pisadas dormidas.
Un corazón en la dejadez
De su lento ronroneo.
Ojos cerrados.
Ventanas abiertas al deseo.
Mirlos picoteando la danza
Y el rigor de la brisa calma.
¿Por qué duermes ¿
Alma baldía de la lumbre
De unos labios en su sombra.
Placentero estar
En el cimbrar de pasos acabados,
Concluidos  en la cima del vacío.
Ojos cerrados.
Sueños efímeros.
Arrastrada por la vida,
Rota sentencia de la pena.
Ojos cerrados.
Sublime,  despedida cordial
Donde todo se desvanece.
¿Por qué duermes?
Espaldas pesadas.
Y, sin embargo, dichosa.



lunes, junio 03, 2019

DUNIA SÁNCHEZ PADRÓN ©2007-2019: DIVAGACIONES DE UNA MAÑANA DE JUNIO...

DUNIA SÁNCHEZ PADRÓN ©2007-2019: DIVAGACIONES DE UNA MAÑANA DE JUNIO...: ¿He despertado? No, aun ando acurrucada en el calor de unas sábanas que extiende más allá de los sueños.   Siento mi espalda fría, una...

DIVAGACIONES DE UNA MAÑANA DE JUNIO...



¿He despertado? No, aun ando acurrucada en el calor de unas sábanas que extiende más allá de los sueños.  Siento mi espalda fría, una gelidez que mi impone a lo largo de las estaciones. El día acecha con su bochorno y nubes que no desafían a la lluvia. Es tal vez un día gris, un día marrón donde se cuece la aspereza, la desgana, el desorden. Intento levantarme y no puedo, a mi derecha, la ventana luciendo su cortina de flores arrimadas en la quietud, a mi derecha, la ventana  animándome a bailar con este amanecer.  Escucho los pajarillos traviesos, juguetones, alegres aunque las nubes callen.  No, no quiero despertar, las olas rompen contra las rocas, las oigo con su rugido de fortaleza de emociones que vienen y van hasta quedarse en el vacío.  Las oigo impertinentes, impredecibles en el canto de la madre naturaleza cuando continua en su línea espontánea, imprecisa.  Soy imprecisa, no saco ganas de alzar mis alas y se canto al compás de las olas.  El cansancio se agolpa en mi espalda fría, una gelidez  que me hace encogerme en el paraje de los sueños.  Y sueño…y sueño en la vestimenta de personas humanizadas a ras del equilibrio, de la paz de este pequeño mundo.  Y sueño…y sueño con ramitas esparcidas en cada una de las manos aleteando  la estabilidad, la voz prolongada de rosas coronando el beso, el abrazo a las almas ausentes de fusiles, ausentes de hambre, ausentes de heridas, ausente de cicatrices, ausentes de tortura, ausentes de la pesadez  en esta esfera. Y sueño…y sueño como subimos escaleras donde la cima nos engancha a la existencia, a la calma ¿He despertado? No, aun ando acurrucado en los sueños fértiles ajenos a una atmósfera yerma, infértil  ¡Cómo rompen las olas¡ su canción monótona me mece en una danza con espíritus flotantes que ingieren luz, que ingieren energía soberana de nuestras pisadas ¿He despertado…?


domingo, junio 02, 2019

El piano


Me enfrento a un piano, un piano que navega en el océano de las dudas.  Sobre mi se recogen interrogantes que se bifurcan hasta llegar a su curso final. El piano suena, aunque el mar roto ante las tempestades climatológicas intenta de decirle algo…algo que se eclipsa a medida que los años pudren su madera, su verticalidad en las batallas por unos pocos contra la polución. El piano se atragante y emite sonidos grotescos, un quejido en la infernal profundidad abisal que le espera. Lo observo, lo escucho, lo siento desde aquí, de esta bahía moribunda de embarcaciones. No quieren saber nada y lo estáticos de nuestras acciones pronuncian su adiós.  Sus últimas notas lo dicen todo ¡ Ay su pena¡ Un estremecimiento se enclava en mis entrañas mientras lo observo, lo escucho, lo siento en su naufragio ¿¡Qué dices¡? ¡Qué mal alumbra este cuerpo de sal , de agua, de caracolas y algas¡ Silencio, solo es un piano, un piano que viaja a la nada con su música melancólica, marmórea hasta el final de nuestros días.