domingo, enero 04, 2026

HABITACION CERO (NARRATIVA ) 37

 

37

Habitación cero. Paredes blancas. Suelo gris. Me entremezclo en una esperanza, pero a la vez atisbo un desencanto. Una desilusión que da la suficiente ebriedad de tu marcha. Poco a poco te vas degradando y sin embargo, sonríes. Mi mano prieta con la tuya desemboca a una energía que a veces es caóticas y otro equilibrio. Las dos se tienen que unificar para consagrar está larga despedida. Enciendo las noticias. El poder de un pueblo subyugado por tiranos y más tiranos. La riqueza interna de un país desprende un halito desconsiderado de colonización. Siempre hay algo que va más allá de la libertad de las manos de un conjunto de gentes que han vivido en la opresión, en la justicia manoseadas por el delirio de un líder dictatorial. No quiero escuchar más, estoy en este hospital donde tu te mueves entre la vida y la muerte. Hemos llegado a un año nuevo y te felicito querida madre. Ah, madre. Todavía luces con tus ojos puesto en mis manías, en mis movimientos. Las conservo para ti, para que me huelas y sepas que estoy aquí. Sí, en este ahora donde no hay nada más. Llamo a los grandes riscos donde la lluvia alborotada hace correr el agua y sueño despierta. Bajo hasta esos manantiales y bebo de ellos , bebo por ti. Toda tu sabiduría se reencuentra conmigo, palpo con un tacto sutil cada uno de tus consejos. Me arrimo al hogar cálido, ese hogar donde el abrazo supone la vitalidad, las ganas de seguir. Y una pieza de música viene a mí. Una pieza compuesta en tu nombre, triste pero a la vez aclara la calma…una calma que me azoca cuando sola soy pies desnudos de cada cuarto. Tu , en esta habitación cero de paredes blancas y suelo gris, yo aquí. Mis ojos no dejan de analizar cada uno de tus movimientos, cada uno de mis quejidos. Sí, me quejo. A está edad la templanza reina en mis huesos. No me importa no dormir, no me importa estar atenta a ti. Me es igual lo que digan. Y soy constante en esta obsesión de no dejarte ir. No sé por qué. A veces pienso que no permito tu ida de esta tierra. No noto en tu rostro sufrimiento solo, paz en esta habitación de suelo gris y paredes blancas. Bebo y vuelvo beber de ese manantial al final del risco y ahora he de escalar de manera ascendente hasta su cima. Mis manos sangran, mi cuerpo siente la molicie, pero llego a su cúspide, una asombra luz del astro rey de invierno se inyecta en mi vista , en mis carnes y siento el acogedor refugio en un ángulo donde las sombras se apartan, se extinguen. Aquí, un día más de un año nuevo, las buenas cosechas de los seres humanos con otros traerán la concordia que tanto hace falta a este mundo convulso. Este mundo que como una cascara de naranja quitada ya se exprime en la intemperie de sus sentimientos, podridos. No, no estoy amarga, disfruto de últimos instantes de tu destino. Un destino que todavía no acepto, me siento incómoda, ronda una manada de púas alimentándose de mis hombros y me hace caer sin que tu lo sepas. Y me arrincono en esa luz del sol en la cúspide de la existencia, aquí, en esta habitación de paredes blancas y suelo gris. Despecho todo mal que no florezca en tu jardín…un jardín dormido, radiante de calma.